27 de mayo 2003 - 00:00

Izquierda gremial toma en serio a Kirchner y pide una renovación

El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, defendió ayer la remoción de las cúpulas de las Fuerzas Armadas diciendo que forman parte de un proceso de renovación de todos los sectores que quiere alentar el gobierno. La dirigencia sindical de izquierda le tomó la palabra: desde la CTA de Víctor De Gennaro reclamaron ayer que se le reconozca personería gremial a esa central y se desregule el otorgamiento de habilitaciones sindicales. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, se ha manifestado muchas veces en contra de esa liberalización, que reclama la OIT. Eso lo pone en contradicción con aliados del gobierno, como los piqueteros de Luis D'Elía, que forman parte de la CTA. Primera fricción que permitirá saber el alcance real de las palabras renovadoras del jefe de Gabinete.

Antes de que Carlos Tomada termine de establecerse en el Ministerio de Trabajo y aprovechando el clima reformista que se creó en buena parte de la opinión pública con la asunción presidencial de Néstor Kirchner, los sindicatos combativos, agrupados en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), comenzaron a demandar la desregulación de la vida gremial.

El primero en reclamar por la aplicación de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue el secretario de la Asociación del Personal Aeronáutico, Ariel Basteiro, integrante de la mesa directiva de la CTA y diputado por el socialismo popular. Basteiro inició el reclamo para que se apliquen las resoluciones de la OIT que habilitan la existencia de más de un sindicato por rama de actividad, lo que supone reconocerle personería gremial a la propia CTA y formalizar en el plano legal la existencia de más de una central obrera.

El gremialista aprovechó la oportunidad que ofreció el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, cuando, para explicar la remoción de las cúpulas militares, dijo que el gobierno se proponía llevar adelante una renovación de todos los sectores del país, entre ellos el empresariado y el sindicalismo.

El desafío de Basteiro incomoda al nuevo ministro de Trabajo, Tomada, quien mantiene buenas relaciones con la CTA pero se ha pronunciado en varias oportunidades en contra de la desregulación. El sucesor de Graciela Camaño está ligado a los grandes gremios y, sobre todo, a la UOM y a la Unión Ferroviaria, para las que prestó servicios durante años.

Si se le reconociera la personería gremial a la CTA y se desregulara la habilitación de sindicatos, lo más probable sería que se multiplicarían las entidades de izquierda. Hoy constituyen líneas internas en cada organización pero, si se convirtieran en asociaciones profesionales convalidadas por Trabajo, tendrían derecho a cobrar el descuento sindical y a suscribir convenios.

• Contrario

Estas tendencias a la dispersión fueron resistidas siempre por quienes conducen sindicatos, sean de la orientación ideológica que fueren. Inclusive entidades pertenecientes a la CTA, como la CTERA, han sofocado siempre la proliferación de líneas internas en su seno (uno de los testigos y víctimas de esta centralización fue el fallecido Alfredo Bravo, socialista como Basteiro). Pero ahora, con la incorporación de los tratados internacionales a la Constitución por la reforma de 1994, las resoluciones de la OIT forman parte del derecho positivo de la Nación.

No solamente Tomada se niega a esta multiplicación reclamada por Basteiro. También el encargado de la oficina donde se tramitan las personerías sindicales, Hugo Guida, se manifestó siempre contrario a esta orientación. Guida es un funcionario heredado por el ministro actual pero seguramente seguirá al frente de la dirección de personerías gremiales ya que forma parte del círculo de laboralistas que colaboraron con Tomada cuando éste secundaba a Alfredo Atanasof, en los albores del gobierno de Eduardo Duhalde. Guida es un laboralista tradicionalmente ligado a SMATA (paradójicamente, un sindicato que consiguió a fines de los '60 la personería y que por eso fue siempre mirado con recelo por la UOM, a la que arrancó buena parte de su base laboral). Guida es, en realidad, un sobreviviente: había aterrizado en Trabajo como asesor de Anselmo Riva, el segundo de Patricia Bullrich en la administración de Fernando de la Rúa.

• Dilema

¿Cuál es el alcance de las palabras del jefe de Gabinete Fernández cuando habla de renovación de todos los sectores? ¿Incluye esta desregulación sindical, que representaría de por sí una reforma laboral completa? Es un dilema para el gobierno actual, asociado al piquetero Luis D'Elía, otro integrante de la CTA de De Gennaro desde la Federación de Tierra y Vivienda. D'Elía negocia habitualmente con Aníbal Fernández, el nuevo ministro del Interior, quien consiguió para Kirchner más que para Duhalde: que este piquetero concurriera al Salón Blanco y se convirtiera en la izquierda del nuevo oficialismo.

Claro que en el mismo salón estaban también los «gordos» de la CGT, como Carlos West Ocampo, Rodolfo Daer, Armando Cavalieri, José Pedraza y Délfor Giménez. Ellos detestan la desregulación y están dispuestos a combatirla. Pero están atemorizados también por las declaraciones de Alberto Fernández, que se extenderían también a otros campos de la actividad gremial. El gobierno de Kirchner piensa intervenir el PAMI, donde los sindicalistas administran porciones importantes del negocio sanitario. Y también quiere poner mano sobre la Superintendencia de Obras Sociales, donde prestaría funciones el médico mendocino y cuñado de José Octavio Bordón, Juan González Gaviola. Con estas amenazas, logrará lo que se creía imposible: reunir a todos los gremios ortodoxos («gordos» y menemistas) en una sola organización.

De llevarse adelante esta embestida, que Kirchner quiere profundizar, las palabras del jefe de Gabinete Fernández sobre renovación de todos los sectores comenzarían a cumplirse. A pesar de que la desregulación sindical no se lleve adelante y Basteiro quede frustrado.

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