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28 de abril 2004 - 00:00

Kirchner aún espera un contacto con Bush

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Hillary Clinton

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El Presidente estará en Washington para asistir a una reunión dedicada a la Argentina en la Americas Society, una entidad que presiden David Rockefeller y William Rhodes. Su misión será clausurar el Forum Argentino al que esa entidad prestó su logo y sus salones. En realidad, no se trataría estrictamente de una invitación de los banqueros. Se trata de una iniciativa de argentinos para la cual, generosamente, Rockefeller y Rhodes abren las puertas de su casa. El inspirador de este desembarco de Kirchner en la capital norteamericana es Saúl Rosztain, lobbysta y empresario inmobiliario que se ha convertido desde hace tiempo en introductor de la nomenklatura peronista en cenáculos estadounidenses (el mayor beneficiario fue, sin duda, Carlos Ruckauf). El viaje de Kirchner había sido organizado, originariamente, para José Luis Gioja y Miguel Pichetto. Claro, con la participación del Presidente elevó notoriamente su perfil. Alberto Fernández y Eduardo Valdés, los mejores amigos de Rosztain en el oficialismo, tejieron la nueva trama.

Si bien es difícil que pueda entrevistarse con Bush, es posible que Kirchner se encuentre con Colin Powell, el secretario de Estado, quien tal vez lo visite en su hotel. Está todo en el terreno de las probabilidades, todavía.



Kirchner participará el jueves 6 como orador en una comida que se servirá en el marco de la reunión anual del Comité Judío Americano. Allí llegó de la mano de Jacobo Kovadlof, argentino radicado en Manhattan desde 1952 que, en su momento, fue asesor de Graciela Fernández Meijide.

El Presidente compartirá el panel esa noche con Jean François Copé, Ministro para la Seguridad Interior y portavoz del gobierno francés. El tema de exposición será « Tomando acción en un mundo cambiado» y la participación de Kirchner dará motivo para que le entreguen un premio. Se trata de un galardón por la apertura de los archivos del Estado para que se ventilen las andanzas de los nazis en la Argentina. La medida fue adoptada por José Luis Manzano en 1991, pero se la atribuyeron también a Carlos Corach en 1997, a Fernando de la Rúa y, al parecer, la produjo también Kirchner (en rigor, al actual presidente se le deben haber abierto los archivos sobre el ataque terrorista a la AMIA).

Será interesante escuchar a Kirchner en esa cumbre, en la que participarán los expositores más duros de la política global norteamericana, conducida por Bush. Sin ir más lejos, el Presidente compartirá el congreso con Robert Kagan, autor de uno de los libros de cabecera del establishment conservador de Washington, «On Paradise and Power». También disertará en la asamblea Ana Palacio, la canciller de José María Aznar. ¿Qué postura adoptará Kirchner respecto de la guerra de Irak? ¿Cuál en torno al recrudecido conflicto árabe israelí? ¿Qué sucedería si alguien le enrostra las andanzas de algunos de sus amigos y asesores en los campos de entrenamiento de la Organización de Liberación Palestina, «altri tempi»? ¿Qué si le preguntan por su amistad con Hebe de Bonafini, quien bendijo el atentado contra las Torres Gemelas? El Presidente confía en poder sortear discursivamenteestos desafíos y, a la vez, machaca con que no dejará las convicciones en la puerta de esa asamblea, en la que la carga ideológica es muy nítida. Aunque no todo tiene el mismo matiz: Kirchner se cruzará allí, tal vez, con Hillary Clinton, quien ya conoció a la senadora Cristina durante el primer viaje presidencial a Nueva York.



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