Como si no alcanzara con una, Néstor Kirchner dice tener activas tres concertaciones. Rankea, al tope, el pacto macro que teje con los gobernadores de la UCR; la secunda en impacto la enhebra con intendentes. Anima ahora la concertación joven, que gestará a los Jóvenes C.
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Un título pretensioso sólo para remixar una práctica usual: el acuerdo, unas veces más transparente que otras, entre el PJ y el radicalismo. Pactaron Frondizi con Perón; Menem con Alfonsín; Duhalde con Moreau y ahora Kirchner con una tropa diversa y dispersa.
La embestida recurrente contra Raúl Alfonsín, las palabras y los gestos de fastidio -montó para contrariar un acto con Daniel Katz en Mar del Platacontra la cumbre radical en Rosario revelan uno solo de los costados de la estrategia oficial orientada a los radicales.
Necesidades
Para el gobierno, los que amagan alinearse con Roberto Lavagna están definitivamente en la vereda de enfrente. Pero ¿puede Kirchner computar como socios sólidos a los dirigentes, sobre todo gobernadores y alcaldes, que se muestran sonrientes a su lado y lo halagan?
El Presidente fue gobernador y sabe cuánto necesita un jefe provincial el auxilio de la Casa Rosada para tener una estadía calma. La experiencia lo obliga a tomar precauciones porque él, pocos años atrás, elogió a los gritos a Menem. ¿Y si los radicales actúan igual?
Kirchner recurre, entonces, a una táctica que presume infalible. Les obsequia obras y los hace fantasear con marquesinaspolíticas doradas pero, en paralelo, alienta a sus enemigos para que se fortalezcan y estén preparados para la batalla.
El caso paradigmático es Mendoza. Julio Cobos, el gobernador, está a un paso de fracturar a la UCR por su cinchada con Roberto Iglesias, y su imposibilidad de reelegir como mandatario lo convirtió en el radical K con más chances de ser vice en una eventual fórmula plural.
Cobos se fotografía con Alberto Fernández, diariamente pronuncia salmos ultrakirchneristas y jura que será el puente de oro del gobierno con el radicalismo. ¿Cómo le paga Kirchner?: manda al peronismo de Mendoza a ordenarse y fortalecerse.
Fue la orden que escucharon el senador Celso Jaque, que puntea como el posible candidato a gobernador del PJ, y la senadora Marita Perceval, dama cristinista como pocas, incluso más que la propia Cristina, detrás de quien se acomodan los grupos piqueteros.
Intenta con ese recurso que no sólo la supuesta sintonía natural empuje a los radicales a pactar con el gobierno, sino que amenazas con el PJ o el FpV -o ambos-, a los jefes de la UCR para que no les quede otra opción que abrazarse a Kirchner.
Juguetea con eso Luis Barrionuevo en Catamarca mientras operadores K como Rafael Follonier se instalan en la provincia -cuidándose de no atacar al gastronómico- para levantarle la mano a Hernán Colombo, vice del gobernador radical Eduardo Brizuela del Moral.
Tentación
Brizuela es, en teoría, un radical K. Como también lo es Katz, intendente de Mar del Plata, a quien el gobierno tienta con una vicegobernación de Buenos Aires en tanto el primer lugar en la boleta no lo ocupe Felipe Solá. En ese caso, el vice sería de un K puro.
Pero por las dudas, en caso de que a Katz se le ocurra amenazar con una rebeldía, días atrás Kirchner recibió a Horacio Tettamanti, un empresario naviero, propietario del astillero SPI, con pretensiones de competir por la intendencia marplatense.
Tettamanti viene de un rubro que Kirchner conoce: el naval. El vínculo del empresario con el Presidente no es reciente: con base en Mar del Plata, SPI tiene una terminal en Caleta Paula, en Santa Cruz. De allí su relación más que amigable con Julio De Vido, su mayor enlace en el gobierno.
Fue el ministro de Planificación Federal quien alentó a Tettamanti a mantenerse en las gateras para tratar de convertirse en el candidato del Frente para la Victoria local donde confluya, además, el radicalismo que reniega de Katz. Es decir: otro formato de concertación.
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