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6 de octubre 2008 - 00:00

Kirchner fuerza plan de campaña con obras chicas

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Néstor Kirchner
Cristina y Néstor-Kirchner revisitarán los métodos y el marketing de Juan Domingo Perón. Ante el temor a que la crisis financiera los dañe, proyectan un plan trienal de obras que el público identifique como realización del gobierno nacional.

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Nada de megaobras: el diseño oficial, que el ex presidente analizó con gobernadores e intendentes, apunta a obras de infraestructura urbana, que se desparramen por las provincias y la zona política y electoral de más impacto, el conurbano bonaerense. Es una idea de Daniel Scioli para Buenos Aires: aporta más un paquete de obras chicas que una megaobra.

La orden ya llegó a los caciques del PJ. Deben elevarle a Julio De Vido y a José López un menú con las necesidades de sus territorios. En noviembre, habrá una recolección de pedidos, en diciembre se organizará y en enero, dicen en gobierno, se pondrá en marcha. Es una municipalización de la campaña, cuando la oposición buscará nacionalizarla en su beneficio.

«Hay que anticiparse a la crisis: como nos va a afectar, tiene que intervenir el Estado para evitar que la economía se resienta», repite Kirchner. Receta del keynesianismo puro: una remake del «new deal», pero a la criolla; un escudo de autoprotección.

El primer paso está pautado: en el Presupuesto 2009, la cuenta «obras» asciende a 16 mil millones. Supera en 15% el previsto para 2008 que se subejecutó. Nadie lo discute. Se compensó lo de 2007 cuando, por la presidencia, se comprometieron recursos futuros.

De ese modo, dicen en gobierno, en 2009 se podrían mantener niveles de crecimiento de entre 4% y 6%. Es Kirchner, en su búnker de Olivos, quien estira las previsiones. En rigor, el proyecto de Presupuesto estipula una expansión del PBI de 4%. El patagónico es más optimista.

  • Recomendaciones

    De los contactos y sondeos que Kirchner hizo sobre lo que llamó «plan trienal», aunque no está definido si se presentará como tal, escuchó algunas recomendaciones. Fue recurrente el planteo respecto de la necesidad de que gobernadores y alcaldes tengan más participación.

    «Mayor agilidad» fue el pedido que, sin usar nombres, apuntó a De Vido y José López. Kirchner, como si desconociera la cuestión operativa, prometió mejorar ese aspecto. Lo sabe: cada obra, por mínima que sea, obliga a gestiones trabajosas en Planificación.

    Hay una doble motivación en la nada original idea del «plan trienal» de obras -Perón, con mandatos de seis años, prefería los quinquenales- que se vinculan entre sí: amortiguar el inevitable, según admiten los Kirchner, impacto de la crisis y su eventual efecto electoral.

    De manual: todo lo que Kirchner dice, hace o calla se estructura en función de las urnas del año próximo. Y el plan de obras responde a esa lógica primordial. «Estábamos mal pero vamos mejorando. A Cristina le dan mejor los números», dice y quiere contagiar optimismo.

    Con obras en marcha, y el oficialismo activo, especula Kirchner: «La gente volverá a confiar en nosotros y a vernos como los únicos capaces de gobernar». Teoría recurrente para el peronismo que no siempre funcionó. No le funcionó, por caso, a Eduardo Duhalde.

    Sobre el bonaerense, hablando del escenario 2009, Kirchner aporta algunas impresiones. «Duhalde no puede organizar ninguna oposición seria ni con pretensiones», sostiene y es su forma, al pasar, de restarle chances también a Francisco de Narváez, candidato del duhaldismo.

    Insiste con la inhabilidad de Elisa Carrió y vuelve a aportar a mirar hacia Mauricio Macri: «El que siempre está, aunque muy lejos, es Macri». No oculta Kirchner que el jefe de Gobierno porteño es su enemigo preferido. ¿Y Cobos? «Se va a lucir en poco tiempo», pronostica.

    El fantasma del conflicto rural, que preocupa a los dirigentes del interior, no es para Kirchner un tema delicado. «Se van a echar a la gente en contra», avisa mientras recomienda, casi ordena, no confrontar con el campo. «Se van a caer solos, solitos.»
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