-Si es así, ¿entonces por qué no nos visitás en la CGT?
-Poné día y hora.
Armando Cavalieri, el interlocutor de Néstor Kirchner en este diálogo, se come las uñas esperando el regreso de Rodolfo Daer y Carlos West Ocampo desde Ginebra para que el Presidente concurra a la sede de Azopardo e Independencia, donde reinan los «gordos». Según sus cálculos, la reunión podría hacerse la semana próxima.
La charla entre Kirchner y Cavalieri se produjo hace 10 días. El «Gitano» había llegado al despacho de Kirchner de la mano de Rubén Ledesma, el jefe del kirchnerismo de La Matanza. Tal como se relata en esta nota, parecería ser el remate de un forcejeo. Pero es apenas una señal en medio de una negociación que se desarrolló después en otros escenarios. Sobre todo en el ginebrino.
La principal inquietud de los sindicalistas tradicionales fue la expectativa que Kirchner había creado en Víctor De Gennaro para desregular el régimen de personerías gremiales. De Gennaro es el líder de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y fue el vocero del anuncio del Presidente: según él, el Presidente le prometió que se modificaría la ley de asociaciones profesionales para que en cada actividad pudiera haber más de un sindicato. A este gremialista le interesa especialmente dicha reforma, ya que, entre otras cosas, su CTA podría conseguirpersonería. Claro, las consecuencias irían más lejos. Eliminado el monopolio de la representación de un sindicato por rama de actividad, también entraría en crisis el sistema de convenio colectivo único (cada sindicato podría suscribir el propio) y también de obra social-(caja de salud) única. En definitiva, se pondría fin al sistema de organización y financiamiento sindical tal como se conoció hasta ahora.
Cavalieri, antes de llegar a la Casa Rosada, temió lo peor: a que pese a su avanzada edad tal vez lo estarían obligando a convertirse en opositor. Por eso hizo tanta fiesta cuando Kirchner le dijo que respetaría la ley. Es cierto, el Presidente no le aclaró otra obviedad: que la ley se puede modificar. De Gennaro todavía no tiene derecho a sentirse defraudado al menos en la superficie de las formalidades.
Eso sí, Cavalieri tuvo otros indicios a partir de esa charla con Kirchner para mantener la apuesta en favor de un acuerdo que terminaría con la presencia del mandatario en la CGT. Esas señales las aportó el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, en Suiza. Hasta allá viajaron varios «gordos» que dialogaron con Tomada a la orilla del Lago Leman. «Muchachos, ustedes saben cómo pienso yo. Lo de la libertad sindical no va a avanzar. Lo que sí necesito es que me ayuden con el PAMI, para cambiar a los directores puestos por ustedes.» Como encontró receptividad en Cavalieri y en West, Tomada fue más allá: «Vamos a tener que hacer un gesto y darle una banca al camionero». Se refería a Moyano, con quien el Presidente almorzó el día que recibió al «Gitano». Los «gordos» también admitieron ese acuerdo.
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