«Nosotros tenemos el poder y lo ejercemos: no vamos a ceder. Las medidas son innegociables.»
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Puntual, terminante, Néstor Kirchner apagó con esas palabras todo mínimo resquicio de duda y queja que, golpeados por la crisis, planearan expresar los legisladores bonaerenses.
«Es irreversible: ahora tenemos que hablar de otros temas, cambiar la agenda», invitó el patagónico luego de cuestionar que un paro de 90 días «no es un capricho». De ese modo, Kirchner explicitó que su estrategia sólo consiste en apostar al desgaste y a que el conflicto se diluya.
Como parte de la ronda de alineamiento de los caciques y caciquejos del peronismo, el ex presidente reunió ayer en la sede del PJ nacional a diputados y senadores bonaerenses, como antes hizo con gobernadores, legisladores nacionales y piqueteros K.
En Buenos Aires, la crisis rural es de alto impacto. Alcaldes y legisladores, sobre todo los del interior, advierten que el conflicto empezó a afectarlos y pone en riesgo el escenario electoral de 2009, además de deteriorar las finanzas municipales.
«Son angurrientos: el dólar y el gasoil subsidiado no les alcanza. Quieren más», castigó al campo y preparó a los huéspedes para un conflicto de largo aliento. «Las retenciones defienden la mesa de los argentinos», aseguró.
«Hay que tener calma», agregó, rodeado por Daniel Scioli y los jefes legisladores Alberto Balestrini, Raúl Pérez y Osvaldo Goicoechea.
Unos ochenta legisladores escucharon, mudos, la diatriba del patagónico que cerró una cumbre donde además, por turnos, hablaron Scioli, Pérez y Goicoechea. Antes, una vez más, con ánimo pedagógico, Alberto Fernández explicó la crisis con un PowerPoint.
Con ese gesto, casi anecdótico, la Casa Rosada cree que satisface la demanda de «información» que vienen haciendo los dirigentes del kirchnerismo para, con esos elementos, defender las medidas oficiales en sus territorios.
Con libreto repetido, Kirchner volvió a mencionar los golpes del 30, el 55 y el 76 y obvió, expresamente, los del 62 y el 66 contra dos presidentesno peronistas. No es una casualidad ni un olvido: es una explícita revelación de que razona como un peronista ortodoxo.
Para el PJ clásico, el histórico, las caídas de Frondizi e Illia fueron causa, más que de golpes militares, de la debilidad inicial porque sus gobiernos nacieron ilegítimos, producto de la proscripción que, por aquellos años, padecía el peronismo.
Ponzoñoso, consciente de que estaba frente a tropa de Buenos Aires que apenas algunos años atrás veneraba a Eduardo Duhalde, Kirchner deslizó una perdigonada contra el ex presidente por sus dichos, anteayer, de que los productores rurales eran «patriotas».
«¡Qué patriotas!», dijo el patagónico sin mencionar a Duhalde, aunque no era necesario. «¡Qué van a ser patriotas si sólo quieren ganar plata!» Los visitantes festejaron el comentario, obedientes. Asimismo, se guardaron los reproches que tenían en el bolsillo.
Sin embargo, Kirchner se permitió una veta de disidencia. Temprano, desde La Plata, Scioli habló con Oscar Parrilli para pedirle que en la reunión puedan hablar representantes de los legisladores para que, de ese modo, la conversación no sea un monólogo.
Kirchner aceptó la idea del gobernador a quien, ayer, frente a los legisladores, le dio un claro respaldo. «Claro que tenemos diferencias en el peronismo, siempre las hubo. Pero eso no quiere decir que haya divisiones», aceptó, el ex presidente, el ruido partidario.
Al cierre, Scioli ofició de vocero: ratificó el respaldo de la provincia al gobierno de Cristina de Kirchner y acusó de irresponsables a los dirigentes agropecuarios.
Aunque moderado, pensando cada palabra, el gobernador no pudo evitar un castigo a los chacareros al acusar al campo de utilizar «con gran irresponsabilidad esta situación que pone en riesgo todo lo logrado en estos cinco años».
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