Con esa resolución inesperada se creó un enorme foco de producción contaminante de 1.500.000 toneladas, que sólo se da en zonas muy aisladas del mundo (sobre todo en países subdesarrollados necesitados de crecer aun a costo de la vida humana). ENCE no es la culpable a extremo de hacer visitar a periodistas argentinos su planta en Pontevedra, España. Botnia es la que fue ubicada sorpresivamente por Batlle (del mismo partido colorado de Sanguinetti) que en sus notas más que tratar de convencer a argentinos busca encerrar más a su opositor el presidente uruguayo Tabaré Vázquez, exponiéndolo en que si cede a separar las plantas -única solución técnica posible- traicionaría al pueblo uruguayo aunque el dejarlas juntas les arruinaría la salud a pobladores cercanos como los entrerrianos de Gualeguaychú (a 30 kilómetros de tal concentración de papeleras) y a los propios pobladores uruguayos de Fray Bentos (a sólo 12 kilómetros de tremendo peligro ambiental). Batlle se ufanaba de tener madre y una esposa argentina, ninguna entrerriana.
Morales Solá está en la misma línea de implosión violenta. Quiere sacrificar entrerrianos (su Tucumán natal está lejos de la contaminación) que cedan en sus cortes de rutas. Los llama «piqueteros» pese a que defienden sus condiciones de vida. Levantar los cortes es algo que deberían hacer, aunque fuera por un tiempo, para ver si los uruguayos paran la construcción aunque sea momentáneamente. Si todo fracasara cortar una ruta de sólo doble mano es fácil de retomar.
El columnista insiste en una solución que no hay. A un presidente argentino no se le puede exigir, salvo casos de «cipayismo», que conceda a otro país la pérdida de salud de una parte de sus propios connacionales.
Quizá si temporariamente cesaran los cortes argentinos el mandatario Tabaré Vázquez, ante el gesto franco, podría justificar abrir un diálogo que le evite caer en la garra crítica de sus adversarios políticos internos que como él dijo a partir de asumir «me dejaron un presente griego». Porque, en definitiva, Tabaré tiene que asegurar una inversión, una fuente nueva de exportación no tradicional de celulosa, pero va a sacrificar igualmente la salud de uruguayos y es lo que le dicen los ambientalistas en su país. Sólo así y no invocando «hermandades» descontadas se puede vislumbrar un diálogo de mandatarios que no necesariamente va a significar solución. Mientras tanto habrá aparecido el hoy demorado informe del Banco Mundial -es por lo que los entrerrianos demoran en levantar los cortes de ruta aunque sea temporariamente- hecho por expertos canadienses sobre los reales peligros sobre la salud humana por contaminación de esta concentración de producción de celulosa en Fray Bentos. Si el informe marca alto riesgo de contaminación por producir 1.500.000 toneladas en un solo lugar cercano a zonas pobladas no habrá financiación.
Tampoco de bancos privados que hacen buenos negocios en Latinoamérica. Botnia, la empresa finlandesa « villana» de esta historia, no puede financiar por sí la inversión. Es la que provocó el problema por acumulación y es la que más se apura en construir la planta, sobre todo en erigir una altísima chimenea para afirmar a la vista de todos su existencia porque se sabe que la candidata a ser desplazada a otra zona y quedar allí en Fray Bentos sólo es la española ENCE, cuya contaminación existirá, pero en términos mundialmente soportables.
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