Kirchner y Alfonsín, extraña sociedad para que Lavagna se defina
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En cualquier caso, se tratará de la campaña más larga de la historia democrática reciente, lo que tiene consecuencias sobre el desgaste de los candidatos y también sobre el gasto público. Ya se sabe cómo juntan votos los gobiernos argentinos. Son estadísticas. Lo que importa saber es que Kirchner se enfureció, como pueden atestiguar sus íntimos, al saber que su antiguo colaborador se sentó a almorzar con el grupo El General, es decir, con los diputados que expresan las posiciones de Duhalde en la escena peronista.
Un beneficiario indirecto de la carga de metralla que lanzó el oficialismo sobre Lavagna es Raúl Alfonsín. Si el fundador de Ecolatina venía «histeriqueando» con la posibilidad de postularse, ahora tendrá que enviar señales menos equívocas. Lo que parecía una fantasía del ex mandatario adquiere, gracias a Kirchner, alguna verosimilitud.Incluso le otorga a la operación una densidad que la vuelve perceptible para el gran público: sólo en esa instancia se puede hacer alguna encuesta, como le gusta a Duhalde. Alfonsín ya está en condiciones de hablar en serio con los socialistas de Rubén Giustiniani, los renovadores de Salta de Ricardo Gómez Diez, un sector de la democracia cristiana, etcétera. Ayer ya blanqueó decididamente su pretensión. Dijo que Lavagna debía ser el candidato de una alianza que incluyera al radicalismo. La hipótesis del «Ricardo Lagos argentino» era para ahora. Quedó claro. Eso sí: le tomaron la palabra los radicales kirchneristas en la voz del rionegrino Miguel Saiz: «Si nos van a ofrecer ir con un peronista como Lavagna, tenemos derecho a ir con un peronista como Kirchner». Previsible.
Tal vez, el líder radical no debería apurarse tanto en el impulso que, con el Presidente como inesperado socio, le ha dado a la candidatura de su pupilo. No sólo porque el ex ministro no ve resuelta todavía una condición clave para el eventual lanzamiento: la financiación que provendría de los empresarios amigos, aquellos capaces de desafiar a Kirchner en pos de «un modelo político más equilibrado» como propone Alfonsín. Tampoco está claro el nivel de agresividad que tendrá el gobierno para con su antiguo empleado. Ya le mandaron a decir por la prensa amiga que -de nuevo la comparación con Cavallo- podría «caminar los tribunales». Al ex presidente radical le podría suceder, entonces, lo que a Duhalde le pasó en 2003 con su «Ricardo Lagos» de aquel año. Es decir: le podría ocurrir que Lavagna comience a ver «cosas feas» y termine por confesar que todo fue un malentendido de la prensa, convertido en un nuevo Reutemann.



