10 de diciembre 2003 - 00:00

La Argentina, con más pasión democrática

La Argentina, con más pasión democrática
Una evaluación del Centro de Estudios Nueva Mayoría, al cumplirse dos décadas de democracia en la Argentina, sostiene que pareciera que los argentinos hacen suya la frase de Winston Churchill, cuando hace más de medio siglo decía que «la democracia es el peor sistema de gobierno, exceptuando todos los demás». Al cumplir hoy dos décadas la democracia en la Argentina -se trata del período más largo de estabilidad institucional desde que en 1911 se sancionó la ley del voto universal, secreto y obligatorio- es un momento oportuno para evaluar su estado en el país y en especial su relación con la sociedad.

Si bien se han publicado en los últimos días sondeos que dan cuenta de la satisfacción o consenso con el sistema democrático en la Argentina, el tema no puede analizarse sin un marco de referencia por lo menos regional. Es que un porcentaje de satisfacción o insatisfacción en la Argentina no puede tener una evaluación adecuada si no se lo compara con lo que sucede en similar cuestión en los otros países de la región.

Es por esta razón que el Latinobarómetro, un sondeo sistemático que se viene realizando en 17 países de la región desde 1995, es, en mi opinión, el instrumento más idóneo para realizar una adecuada evaluación sobre el tema.

• Entrevistados

Este estudio fue realizado sobre una base acumulada de 136.000 entrevistas, representando a una población adulta de 400 millones de latinoamericanos.

Ante la pregunta de si es preferible la democracia o el autoritarismo, 69% de los argentinos optó por la primera, sólo 17% por el autoritarismo, afirma que le da lo mismo similar porcentaje y responde no saber 3% restante.

Si lo comparamos con América latina, se evidencia que en el promedio de los 17 países,
quienes prefieren la democracia son 53%, es decir, 13 puntos menos que en la Argentina.

La evolución muestra que dicho porcentaje de preferencia está 6 puntos por debajo de 1997, pero 11 por encima de 2001, cuando en la Argentina el llamado voto
«bronca» registró un récord histórico.

Ante la pregunta de si está satisfecho con la democracia, en cambio, el resultado se invierte, ya que 64% dijo estar insatisfecho, sólo 34% satisfecho y respondió no saber 2%. Es decir que hay dos personas insatisfechas por cada una que está satisfecha.

Nuevamente,
al comparar con el promedio de América latina, surge que en la Argentina el apoyo a la democracia es mayor que en la región, ya que está satisfecho 29% en el promedio de la región -5 puntos menos que en la Argentina- e insatisfecho 66%, dos puntos más que en nuestro país.

La evolución acerca de la insatisfacción con la democracia en la Argentina muestra que
si bien el actual nivel está 15 puntos por encima del registrado en 1998 -justo antes de empezar la prolongada recesión- hoy se ubica 27 puntos por debajo del registrado en 2002, cuando tuvo lugar el peor momento de la crisis económico-social que fue la más grave de la historia.

La mirada histórica nos permite constatar que la Argentina cumple el 10 de diciembre de 2003 el período más prolongado de vida democrática desde que rige el voto universal, secreto y obligatorio.

El análisis de los resultados del Latinobarómetro nos permite constatar que
en la Argentina la gente piensa que la democracia es preferible al autoritarismo, ya que hay cuatro personas que opinan de esta manera por cada una que piensa lo contrario, pero que hay insatisfacción con el funcionamiento de la democracia y esta relación es de dos insatisfechos por cada uno que está satisfecho.

Pero este análisis puesto en el promedio de América latina muestra que
la preferencia por la democracia en la Argentina es superior al promedio y que la insatisfacción es inferior a éste.

En conclusión, aunque la Argentina sufrió la peor crisis económico-social de la región, el apoyo a la democracia es más alto que en el promedio de América latina y hacia adelante, el tema por resolver es el de la satisfacción de la democracia, dado que, de no cambiar esta tendencia, el riesgo no es la interrupción del sistema como en el pasado, sino que se vacíe de contenido, al mermar la participación.

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