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20 de febrero 2007 - 00:00

La feria electoral

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Cristina Kirchner, Roberto Lavagna, Jorge Telerman, Mauricio Macri y Elisa Carrió.
MACRI: ¿PORTEÑO HASTA LA MUERTE?

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De tantos mensajes que ayer envió Mauricio Macri a su tropa alistándola para la batalla en Capital Federal, casi madura es la conclusión: evita la presidencial e insistirá con la conquista de la Jefatura de Gobierno porteña, confiando en modificar -al margen de que pueda primerear en los sondeos- el designio negativo que le aseguran los encuestadores para el ballottage. El anuncio parece inminente; hoy se reunirá en una cumbre con quienes lo asisten y hasta se habla de que cruzó sondas amistosas con Roberto Lavagna (quien sí, para ser justos, siempre dijo que quería ser presidente, al revés de Macri, que se aburrió de coquetear con la ocupación de la municipalidad o de la residencia de Olivos). Para él, la aspiración presidencial parecía resumirse en una carencia: la crematística falta de fondos para encarar una campaña aceptable (y la casi seguridad de que perdería). En cambio, en Capital, los gastos son menores -tema que para él es de significativa trascendencia- y las previsiones de ganar son alentadoras. El único costo a tener en cuenta: el respirador artificial para Horacio Rodríguez Larreta, quien parecía su delfín porteño.

ACTO POR CRISTINA, PERO SIN CRISTINA

Ya se hundieron las operaciones oficiales contra Julio Grondona, titular de la AFA (autor de la frase «todo pasa»), a ser reemplazado en su momento por el velezano Raúl Gámez bajo inspiración del banquero cooperativista Carlos Heller. Se recuperó el veterano dirigente del fútbol, quien viene de los tiempos militares, tanto que del brazo acompañó hace pocos días a Cristina de Kirchner por París, en el estadio donde jugó la Selección y ella apareció como mascota de la suerte (buen inicio, ganó el equipo). No quedó allí el idilio: ahora, este ferretero con el corazón en Arsenal de Sarandí, facilitará el estadio para la realización del primer acto a favor de la candidatura presidencial de la primera dama. Sin ella, quien quizá demande mayor calor popular a esas iniciativas. Vale otro dato: organiza el evento Carlos Kunkel, quien puede presumir de que él hablaba de Cristina senadora cuando esa posibilidad ni siquiera se mencionaba en la provincia de Buenos Aires.

¿MUEVEN A IRIBARNE, CONVOCAN A IBARRA?

Jorge Telerman dislocó las previsiones políticas al adelantar las elecciones en la Capital Federal. Nervios en Mauricio Macri, estupor en Elisa Carrió, conmoción en Roberto Lavagna, cambios en Néstor Kirchner. El Presidente, se cuenta, deberá acelerar reemplazos, empezando por Daniel Filmus y siguiendo por Jorge Taiana (hablan de sucesión para Juan Carlos Tedesco y Roberto García Moritán). Pero también se menciona mudando de cartera al ministro de Justicia, Alberto Iribarne, y en su lugar un elemento femenino: Vilma Ibarra. Tal vez son conjeturas, pero hay que reemplazar prendas en el vestuario.

FILMUS SE RELANZA, TELERMAN SE GUARDA

Aunque Daniel Filmus nunca fue lanzado, tendrá el privilegio de ser «relanzado». Como candidato a intendente, claro, título con el que lo ha hecho soñar Alberto Fernández y al que le cuesta acceder (al menos, en las primeras respuestas populares a las encuestas). Empezaban anoche las pegatinas, les aumentaron el sueldo a la misma hora a docentes de todo el país (24% de un saque), seguirá el jueves con un acto en Villa Lugano, bajo cuerda le prometen desde hace una semana, en la Casa de Gobierno, que subirá no menos de 10% en los próximos días. ¿Se amparará ese anticipo en lo que puede perder Jorge Telerman por la campaña a iniciarse en su contra por haber usurpado, en ciertas firmas oficiales, el título de «licenciado»? También por el daño al otro se puede ganar -al menos así se cree en la SIDE- y no importa si antes juntos Filmus y Telerman compartieron gabinetes. Ahora es el momento político de declarar la impostura, de denunciar. Telerman, de viaje por Israel, sólo se fía de su propia personalidad ambigua para salir del aprieto, característica que alguna gracia le hace al electorado porteño: él parece una cosa, pero es otra. Ya ha jugueteado al respecto con el sexo (él mismo se llama «afrancesado»), con la ideología -es de izquierda, pero lo votan seguro los de derecha- y aunque es judío, uno de sus mayores confidentes es el cardenal Jorge Bergoglio. Para ese personaje, lo de la «licenciatura» puede ser una nimiedad.

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