La fascinación del PJ con la posibilidad de que Néstor Kirchner se convierta, en 2009, en candidato a diputado nacional por Buenos Aires genera ruidos y recelos en los socios menores del Frente para la Victoria (FpV) que temen que esa maniobra corone la «pejotización» del patagónico.
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El coro de ángeles, que empujaron el jefe de la CGT, Hugo Moyano; el jefe de Gabinete, Sergio Massa; y el ministro del Interior, Florencio Randazzo, a favor de la postulación no sólo no generó contagio entre la «gauche» K, rama «progre» del kirchnerismo. Es más: sembró dudas y temores. Los más cautelosos se quejaron porque la jugada -sobre la que no existen certezas- fue «inconsulta». Otros directamente la consideran un error. El pánico esencial es, de todos modos, que esa movida desplace a los grupos no PJ.
El planteo es lineal. Con Kirchner candidato se clausura la alternativa de que en 2009 el oficialismo presente dos boletas en la provincia: una que englobe al PJ y al sindicalismo peronista, y otra que reúna a sectores de la CTA y grupos de la progresía K.
Con el ex presidente como cabeza de la lista de diputados, salvo que decida degollar a Eric Calcagno y forzar una elección de senador, la eventualidad de una colectora provincial se evapora y queda, como mucho, el margen para boletas bis seccionales.
Hace tiempo, con vaivenes y algún guiño ambiguo del ex presidente, los socios menores del FpV trabajan en la conformación de un bloque que tenga una presencia efectiva dentro del planeta K. Aportan en ese club el Frente Grande de Eduardo Sigal, el Frente Transversal de Edgardo Depetri y Oscar Laborde, el PI de Gutavo Cardesa, el socialismo K de Ariel Basteiro y Oscar González, y el Partido de la Victoria que encabeza Graciela Ocaña, entre otros.
La jugada más pretenciosa era incorporar al grupo de intelectuales de la autedenominada Carta Abierta -que acaba de perder a uno de sus impulsores, Nicolás Casullo-, a sectores de la CTA vía Hugo Yasky y a dirigentes sueltos, autónomos, como Martín Sabbatella. Todos rehúsan aparecer en la foto con el PJ.
También, en un lento pero continuo proceso de distanciamiento de la Casa Rosada, orbita ese espacio Libres del Sur, el grupo que comanda Humberto Tumini, que alienta además una entente con Sabbatella y el ceteísmo de Yasky, el primero en «bancar» una candidata del intendente de Morón.
Una postulación de Kirchner a diputado los pondría en el dilema de integrarse a las listas oficiales, juntos -y seguramente debajo- de los candidatos del PJ al que combaten o, directamente, imaginar rumbos alternativos a la del Frente para la Victoria.
En medio, líbero, Luis D'Elía se trepó a una tribuna que no le agrada ni lo soporta: salió a agitar el operativo clamor y con eso se ubicó junto a el cacicazgo del PJ que siempre dijo combatir. Es más: promete un acto, que estaba planeado con otro fin -conformar la Central de Movimientos Populares (CMP), para «proclamar» unilateralmente a Kirchner candidato.
D'Elía aparecía lejano de ambas trincheras: sin posibilidad de jugar con el PJ -los caciques peronistas fueron los que le reclamaron a Kirchner que desdiga a D'Elía cuando éste habló de un complot armado por Eduardo Duhalde- y con vínculos rotos con la «gauche» K.
Alimentaba, entonces, un entendimiento con el PC de Patricio Etchegaray que el piquetero pretendía confluya en una lista propia para las elecciones de 2009, algo así como una segunda colectora. Ahora, supone que una postulación de Kirchner lo devuelve a la cancha K.
Otro que desentonó, pero su gambeta tiene explicación, es Emilio Pérsico que también está en contacto con la «gauche» K, pero luego de intentar, por ahora sin éxito, que su grupo, el Movimiento Evita, sea incorporado al PJ. Por eso, volvió con sus antiguos socios.
Pérsico, como D'Elía, interpreta que la presencia de Kirchner garantiza la participación en las boletas de 2009 de los grupos piqueteros.
En general, con otras palabras, el resto de los grupos «progre» piensa lo contrario: su juego, abrazados al PJ, se acotaría.
Alguno, incluso, sentirá nostalgia por Alberto Fernández-, promotor de la transversalidad y la Concertación, que en la mesa de decisiones empujaba para agregar en las boletas oficiales a dirigentes no PJ. Ahora, el ex jefe de Gabinete mira desde afuera.
Claridad
Dos voces, en las últimas horas, fueron claras para exponer sus reservas por el operativo clamor. Una fue la de Sigal, jefe del Frente Grande, quien se quejó por tratarse de una jugada que no fue consultada hacia dentro del FpV y, por eso, lo tomó de sorpresa.
«Los sectores que integran el FpV deben tener una existencia real y no sólo una convocatoria para un proceso electoral», dijo Sigal. El párrafo, ante un ojo sensible, trasluce mucho más que lo que dice y lo que dice es ya bastante desafiante para el verticalismo K.
A esa visión se sumó Chacho Alvarez, a quien Kirchner quiso en un proyecto común, pero el inventor del Frepaso decidió correrse del ring. Sobre el operativo clamor, Chacho habló de «una grave equivocación» porque «deberían estar discutiendo y llevando propuestas y alternativas» para superar la crisis.
«La mayoría de la sociedad está lejos de la política electoral» porque, sostuvo Alvarez, está «preocupada básicamente sobre cómo evolucionará esta crisis y sobre la estrategia del gobierno para amortiguarla». Las palabras no necesitan traducción.
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