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14 de noviembre 2006 - 00:00

La izquierda se irrita por visita de Felipe González

MORENO es sigla del Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora, que agrupa a sectores interesados en la política petrolera argentina desde el ángulo del nacionalismo. Sus representantesrechazan el proceso desregulador y de privatización vigente en el país, y de un tibio romance con el gobierno Kirchner han pasado a la oposición. Damos los párrafos principales de un documento que firman sus voceros, el radical Gustavo Callejas, el abogado Félix Herrero, el cineasta Pino Solanas y José Rigane, publicado en el sitio Argenpress, que suele expresar percepciones de la izquierda criolla.

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En estos días se ha hecho presente en nuestro país el ex presidente de la Monarquía Parlamentaria de España por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Felipe González Márquez. Precedió su visita con altisonantes declaraciones descalificatorias sobre una obra de magnitud continental que se encuentra bajo análisis político de los gobiernos de la región -en especial Venezuela, la Argentina y Brasil- y técnico, por parte de sus respectivos especialistas: el Gran Gasoducto del Sur.

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Bajo la dirección suprema del rey Juan Carlos I de Borbón -quien ejercita sus funciones de lobbista en los asuntos más importantes- y los distintos gobiernos del PP y el PSOE, los grupos económicos españoles se han desarrollado bajo la tutela prebendaria del Estado y, al igual que en la Argentina, les han sido transferidas las empresas públicas que cumplieron el papel de herramientas básicas en la recuperación de España; por ejemplo Repsol, Telefónica, Aguas de Barcelona, Endesa, los bancos BBVA y Santander, y Gas Natural.

El proceso español se ha desarrollado dentro de una bonanza económica creciente fundada en la ayuda de la CEE y de los EE.UU., pero, fundamentalmente, del proceso de captura de rentas de las antiguas colonias españolas. La diferencia fue que antes se utilizaba la fuerza y ahora han utilizado a las empresas públicas y privadas, a las que el Estado español ha provisto de un poderoso apoyo político, que ha tolerado y amparado la utilización de métodos de indudable ilicitud. En el proceso privatizador argentino la corrupción ha sido el común denominador en las ventas de los activos públicos, y las empresas españolas se han destacado en su papel de corruptoras. Nuestra Nación es el ejemplo más destacable de lo afirmado: son cientos de millones de dólares los que han sido remitidos a sus casas matrices por las filiales aquí radicadas.

El copamiento hostil por partede Repsol SA de YPF SA -cuya mayoría accionaria estaba en manos de grandes fondos de administración de pensiones de los EE.UU.- comienza con los gobiernos «socialistas» de Felipe González Márquez y culmina con la gestión conservadorade José María Aznar, debiéndose destacar el rol determinante del rey borbón. La política de captura accionaria de YPF SA respondió al convencimiento de que, en un mundo donde los conflictos por el acceso a las reservas remanentes de hidrocarburos muestran un constante agravamiento, no podían tener una petrolera sin reservas y éstas estaban disponibles en la Argentina, el único país del mundo que consideraba a los hidrocarburos como simples mercancías; sólo hacía falta convencer al presidente Carlos Menem, quien aprobó y facilitó el procedimiento de copamiento.

  • Apoyo

  • El entonces gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, apoyaba el ingreso de Repsol y expresaba que «Repsol es una empresa que refina petróleo, no produce crudo ni explora, y con la compra de YPF, va a combinar la refinación de los productos de petróleo con la producción de crudo, lo que la va a llevar a ser una de las empresas más grandes del mundo. Repsol tiene pensado profundizar sus inversiones en la Argentina, América latina y el norte de Africa, porque está buscando potenciar sus negocios, ya que una empresa que tiene una reserva de crudo y refina petróleo se sitúa fuertemente en el mercado internacional». (Diario «Crónica» de Comodoro Rivadavia del 10/05/99.)

    El pueblo argentino contemplaba azorado cómo, quienes habían contribuido al vaciamiento de la República, pontificaban libres de vergüenza, olvidando que habían sido los socios del saqueo. Aznar como presidente, Rodrigo Rato como funcionario y Felipe González Márquez fueron «caraduras» descollantes en la defensa de los intereses de las empresas que habían gozado de utilidades en valores porcentuales desconocidos en el mundo, que se habían dedicado a las « bicicletas» financieras de distinto tipo, ignorado el cumplimiento de las leyes de la Nación -de Hidrocarburos y Convertibilidad, por ejemplo- y que habían olvidado sus compromisos de inversión.

    A estas medidas se suma la anunciada entrega de la jurisdicción territorial del subsuelo a las provincias, hecho de una gravedad institucional sin precedentes en la historia de la Argentina moderna y que contraría la esencia de las políticas emanadas de compatriotas del nivel de Hipólito Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear, Enrique Mosconi, Juan Perón, Arturo Sampay y Arturo Illia, que consideraban el subsuelo como pertenencia exclusiva de la Nación, a la que corresponde su explotación exclusiva.

    De esta forma, no sólo vamos a ser el único país del mundo que considera a los hidrocarburos como simples commodities sino, además, aquél donde el poder central o nacional resigna su facultad de administrarlos a favor de gobernantes provinciales; cabe preguntarse, por ejemplo, si alguien observó la presencia del gobernador de Texas en las gestiones de todo tipo que se vinculan al petróleo en los EE.UU. En el mundo, el tema de los hidrocarburos se discute entre presidentes y ministros de Defensa y de Petróleo.

    Aquellos técnicos que, por oponerse a cualquier política que implique un acercamiento con Venezuela, han considerado que hemos solucionado nuestros faltantes de gas con los recientes acuerdos firmados con Bolivia: o no conocen o no quieren hacerlo, o están muy bien informados, sobre las reservas bolivianas a las que deben estimar como « majestuosas». La reciente descalificacióndel Gran Gasoducto realizadapor el lobbista de Repsol-YPF SA, Felipe González Márquez -calificado como una institución por la senadora Cristina Fernández de Kirchner («La Nación» 25/10/06)- que lo consideró «una broma» pues «es un proyecto que no se va a realizar y nadie se atreve a decirlo, no es racional y, además, no cuenta con Bolivia, que es el eje de articulación de esa broma», peca del mismo pecado que él mismo imputa a quienes lo promueven: la falta de seriedad en tratar los problemas energéticos. ¿Cómo sabe que Bolivia tiene suficientes reservas para abastecer las necesidades de Brasil y la Argentina? Recordemos que en los inicios del proyecto del Gran Gasoducto, los mismos consultores que lo critican hoy esgrimían la conveniencia de importar gas desde Perú, cuando todos sabíamos de la insuficiencia de sus reservas y de sus compromisos con México y los EE.UU.

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