Despachos vacios de funcionarios políticos es la imagen que en estas horas presenta la Casa Rosada después de la última actividad de la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner. "Se fueron anoche" comenta el personal permanente que, no sin vergüenza ajena, se ve obligado a responder en silencio algunas preguntas incómodas como: "¿En este despacho no hay teléfonos? La Casa quedó vacía mientras el personal de limpieza, al menos, trata rápidamente de dejarla lo más pulcra posible.
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El personal de planta de ceremonial, de prensa y de la Casa Militar sigue prestando colaboración como siempre, incluso cuando se vieron envueltos en una pelea que les era ajena por el acto de traspaso de mando.
Hay también cambios de actitud. Gente de planta que antes ni siquiera saludaba a otros compañeros, tal vez confundidos por el cargo, ahora se acercan pidiendo disculpas. Hay un clima más distendido, pero el temor se circunscribe a qué pasara con sus puestos.
Es que muchos estaban en comisión en otras dependencias y ahora deberán volver a sus destinos originales, salvo que las nuevas autoridades los ratifiquen.
También ocurre que muchos empleados que estuvieron trabajando codo a codo durante los 12 años de la gestión kirchnerista no fueron dejados ni siquiera en la categoría de "planta transitoria", es decir sobreviven con contratos que pueden ser revocados en cualquier momento. Esto provoca situaciones personales muy angustiantes, sobre todo en los casos del personal que percibía sueldos menores.
Desde temprano se lo pudo ver al Secretario General de la Presidencia, Fernando De Andreis, y su personal supervisando todos los detalles de la ceremonia tanto de la entrega de atributos como la jura de los ministros.
Los despachos vacíos también caracterizan las oficinas del ministerio de Economía, la Secretaría de Comercio y en casi todas las reparticiones públicas.
Según comentan, una de las últimas órdenes de Cristina fue dejar el gobierno desde anoche porque "así lo indicó la Justicia" y con esta consigna los funcionarios políticos no concurrieron a sus lugares de trabajo complicando más el traumático traspaso.
Un gesto que marca una diferencia las vallas de metal que cerraban miles de acceso dentro de la Rosada ahora reposa acostadas en las paredes.
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