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7 de noviembre 2014 - 16:22

La vice, esa butaca lejana que ya alimenta hipótesis

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Facundo Moyano, el más joven y prometedor del clan, el que padece y disfruta de la portación de apellido, acumula un mini récord: fue tentado desde dos partidos para ser candidato en la provincia de Buenos Aires.

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Desde el massismo, Felipe Solá y desde el PRO, María Eugenia Vidal, le ofrecieron al diputado nacional la butaca de vice bonaerense. Más allá del combustible para el ego, Moyano Juniors aparece en un radar poco explorado pero que empieza a incorporar nombres y esquemas: las siempre inquietantes vices.

Sólo Cristina de Kirchner, porque el futuro político de Amado Boudou parece, como ciertas ecuaciones, tender a cero, no tuvo que lidiar con el complot interno que, explícito o camuflado, padecieron todos los presidentes -y los gobernadores bonaerenses- desde el retorno democrático.

Carlos Ruckauf tirado en la cama de Carlos Menem en Casa Rosada durante una ausencia del riojano, Carlos "Cacho" Alvarez agitando la teoría del soborno en el Senado, Daniel Scioli refutando a Néstor Kirchner y el voto no positivo de Julio Cobos contra un proyecto enviado por Cristina de Kirchner son cuatro postales, arbitrarias pero gráficas, de una prolífica historia de roces y traiciones. Veamos:

I. El continente más poblado de candidatos y, por tanto, con mayores niveles de intriga es el kirchnerismo. La teoría de un proto K, antiguo conocido de Kirchner, del pelotón nestorista pero todavía activo e inquieto, es que Cristina de Kirchner intervendrá para ordenar el mapa oficial, armará dos fórmulas con los candidatos que están en la cancha. Esa tesis sostiene que quedarán los dos candidatos con más intención de voto y de los demás saldrá los vices como una especie de compensación genérica en dos binomios -con la foto de hoy, Daniel Scioli y Florencio Randazzo- con el sello y la costura de la presidente.

II. Sobre una base similar, meses atrás se exploró la idea de proponer una reforma de la ley de primarias para que la fórmula pueda integrarse con los dos precandidatos más votados. Circuló, incluso, un bosquejo de proyecto atribuido a Carlos Corach pero no prosperó. Cuando rondó, Sergio Urribarri aparecía como el K más competitivo y se lo imaginaba como el vice de Scioli, variante que todavía suena en algunos despachos bonaerenses. En paralelo, se atribuyó a la preferencia del bonaerense, que su vice sea otro gobernador peronista y se señaló, como nombre puesto, al sanjuanino José Luis Gioja.

III. Todas aquella impresiones suponían un nivel de decisión en manos del candidato oficial pero ahora aparecen relativizadas porque, sobre todo desde la kirchnerización extrema de Scioli, se da por hecho que su vice será casi un lugar reservada para quien diga Cristina. El primero que sonó en el baile de un vice ultra K fue Axel Kicillof, el ministro de Economía, y la foto del funcionario con Scioli recorriendo el puerto de La Plata animó esas especulaciones. Pero todo es volátil y, ahora, entre algunos operadores K se señala a Jorge Capitanich, que no puede reelegir en Chaco, como un posible vice de Scioli.

IV. Lo mismo se asume cerca de Randazzo, respecto a que el vice de una eventual fórmula para enfrentar a Scioli en las PASO sería puesto por la presidente. Asoma, ahí, la lógica Buenos Aires-interior que, de todos modos, parece una variable de otros tiempos y que, de hecho, Cristina no respetó cuando eligió a Boudou, bonaerense como ella. En gobierno cuentan que el ministro de Interior y Transporte jugueteó, en esa frontera donde no queda claro que es broma y qué no lo es, con que su vice podría ser el socialista de Santa Fe Antonio Bonfatti, un gobernador al que Randazzo visita seguido, incluso más que a algunos peronistas.

V. Tanto para Scioli como para Randazzo, pareció destinado el efímero supuesto de que Máximo Kirchner podría ser candidato en la boleta presidencial, una especie de dejar un Kirchner en la línea de sucesión, casi como el emblema de un doble comando. Luego eso se diluyó porque sonó con más fuerza la idea del hijo presidencial compitiendo en Río Gallegos o como primer diputado por la provincia de Buenos Aires, hipótesis que animó un sector K apenas Máximo se presentó en sociedad en septiembre pasado en el acto de La Cámpora.

VI. Respecto a Mauricio Macri hay sonado dos opciones, ambas prematuras. Que en un acuerdo con la UCR derive en que Ernesto Sanz acepte ser su vice, relación que está nutrida por vínculos comunes, o la que anima el macrismo extremo y refiere a que la vice preferida de Macri es Gabriela Michetti, esquema que deleita a Horacio Rodríguez Larreta porque la saca a la dama del PRO de la carrera porteña. Así y todo, en lecturas más finas, el macrismo entiende que la elección que viene será de paridades y que la vice no debería ser alguien que interpele o exprese lo mismo que Macri -el caso de Michetti- sino alguien que aporte otro perfil. Lo mismo dicen los massisstas que descartan no solo una PASO real con José Manuel De la Sota o Adolfo Rodríguez Saá, sino que deslizan que el tigrense debería tener un candidato a vice que sea independiente o venga de la UCR. En algún momento se especuló con el intendente cordobés Ramón Mestre pero luego eso se desinfló.

VII. En Unen también se agitó la variable de fusionar fórmulas en las PASO pensando en una interna grande entre Julio Cobos, Elisa Carrió y Hermes Binner, pero una reforma parece, a esta altura, condenada a naufragar en el Congreso ante el rechazo del oficialismo .Unen, entre otros desvelos, tiene ese: sus candidatos miden individualmente pero no logran juntar, luego, los pedazos y el actual régimen de las PASO deja a los perdedores fuera de todo.

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