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13 de junio 2006 - 00:00

Lavagna, convencido de que Kirchner adelantará a marzo las elecciones

La salida de Roberto Lavagna a simular una candidatura que niega en público prolonga efectos en toda la dirigencia, oficialista y opositora. El ex ministro cree que el gobierno adelantará las elecciones pero pone condiciones a sus aliados en esta movida que sigue en la ambigüedad.

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Roberto Lavagna, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Eduardo Duhalde, Raúl Alfonsín, Mauricio Macri, Elisa Carrió y Ricardo López Murphy.
Roberto Lavagna hace lo que hace por tres convencimientos: 1) Néstor Kirchner va a adelantar las elecciones para marzo próximo; 2) el Kirchner con quien él gobernó cambió por una lectura que cree errónea del resultado electoral del 23 de octubre pasado; 3) el punto de no retorno con el gobierno arrancó cuando rechazó las ofertas para ser el candidato oficial a jefe de Gobierno de la Capital Federal, gesto que lo convirtió de amigo en enemigo del gobierno. Ayer resistía en sus oficinas de la Diagonal Norte los dardos que lanzaba el gobierno tras el reportaje del «Financial Times», en el cual diagnosticó un giro a la izquierda de la administración a la que perteneció hasta hace siete meses, considerado en Casa de Gobierno una abierta declaración de guerra. Dice a sus entornistas que cuidará en adelante las apariciones académicas, mastica si aceptar o no una invitación a hablar de nuevo en el extranjero, mientras ríe sobre el efecto de esos gestos. Cuando fue al seminario en el FMI y todavía era bueno para el gobierno, «los diarios amigos decían que le iba a dar lecciones al Fondo; ahora dicen que mi salida es una 'eyaculación precoz'».

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Lo que no cambia es el maratón de reuniones que mantiene con quienes se entusiasman con una eventual candidatura. Dice hablar con todos pero que no ha decidido qué hará, un tópico, casi una vulgaridad, de todo postulante a pelear poder. «Voy a esperar cómo reacciona la gente, qué dice la sociedad. Hasta ahora ha creado mucha expectativa, pero hay que esperar a ver cómo avanza. ¿Encuestas? Para eso hay que tener mucha plata porque las que salen dicen que mi gato tiene más intención de voto que yo. ¿Por qué se preocupan?», ríe ante los asesores que lo acompañan todo el día tratando de recoger gestos siempre ambiguos sobre si habrá futuro de candidato.

Sobre los convencimientos, aquí una síntesis de lo que piensa y no quiere decir:

  • La candidatura porteña. Así como se entrevistó con radicales y duhaldistas, niega que haga reuniones secretas. «Me reuní con la UCR y los diputados justicialistas», pero por la mesa de reuniones de su oficina también pasaron Alberto Iribarne, Juan Carlos Mazzón y José Pampuro. Esos emisarios serían los últimos en ofrecerle una candidatura a jefe de Gobierno. Ha creído que es un puesto importante, pero que su expertise está más en la macroeconomía y en las cuestiones internacionales. «Además -dicen haberle escuchado-, con Alberto Fernández no voy ni a la esquina. ¿O no vieron lo que le hicieron a Rafael Bielsa? Sos el candidato pero después te hacen perder. ¿Y lo que le hacen a Daniel Scioli, lo hostigan y después lo señalan como el candidato oficial.»

  • En esas condiciones, quien pudo ser el sucesor de un Kirchner no reelegible dice que rechazó todas las propuestas. ¿Qué condiciones? Las mismas que le pondría a Eduardo Duhalde para mantener la alianza original. «Eso lo viví yo. Todo era Duhalde, Duhalde, pero un día, hace clic y pasa a ser el padrino mafioso, el enemigo. ¿Por qué? A lo mejor porque buscó la rendición incondicional, el manejo total. Quizás en alguna provincia, o en Santa Cruz, eso puede ser normal, pero no en un terreno electoral como el de Buenos Aires, más exigente.

  • Viñetas sobre el Presidente

  • Sobre la lectura del resultado electoral de octubre despliega, cuando instruye a sus eventuales aliados, otras anécdotas sobre quien fue su jefe. Siempre insistió en que «segundos mandatos nunca fueron buenos». No es una frase de un instante, la hizo escuchar en privado y en público a amigos y adversarios, ilustrando con ejemplos eso que parecía un axioma, es decir un principio que no necesita demostración. Eso cambió con las elecciones del 23 de octubre. En esa oportunidad, dice el diagnóstico lavagnista, el Presidente montó un escenario de dominio total del poder en la Argentina, algo que podría asegurarle una reelección por 60 puntos contra 20. Vio con ese resultado que había sacado menos que Alfonsín o Menem en su elección de los dos años de gobierno. «La diferencia es que en 1985 Alfonsín ganaba pero segundo estaba el peronismo con más de 30 puntos.» Esta vez Kirchner, según este diagnóstico, hizo un giro y se convirtió en un Kirchner distinto del que dice haber conocido Lavagna.

    La objeción más seria a esta mirada es que el ex ministro aparece despegando del gobierno al que perteneció. ¿Acaso este debate que dice sostener ahora Lavagna no era el mismo de cuando era ministro? Insiste en que no, en que Kirchner cambió y que desde las elecciones arrancó un nuevo gobierno en el cual se va hacia un Estado que se hace cargo de trenes, aeropuertos, servicios públicos. ¿No era así antes? «La convivencia en el año 2005 ya fue difícil y hubo que hacer concesiones. El Presidente tenía necesidades políticas y era razonable que las tuviera. Fue difícil pero se navegó bien, se logró una convivencia cediendo cosas. Pero todo cambió cuando vio ese resultado electoral.» La prueba que se esgrime es la reforma del Consejo de la Magistratura, la adhesión a Telesur (el canal chavista), la habilitación a Héctor Recalde para plantear el regreso a la legislación laboral de 1975. Esto enciende al ex ministro: «¿Cómo un diputado, aunque ellos lo han puesto en el Congreso, puede decir que hay que reponer la legislación laboral de hace 30 años y nadie del gobierno sale a decir nada? No digo el ministro de Trabajo, sino el de Economía». Se enardece cuando menciona también la asociación del sindicalista Hugo Moyano con el Belgrano Cargas. «Además dice que es para controlar a su competencia. Somos el hazmerreír de todos en el extranjero con cosas como esa», dicen haber escuchado decir.

  • Lavagna cree que esa lectura que hizo Kirchner del resultado electoral no es acertada y que lo prueba la reacción del gobierno ante su aparición como eventual candidato. « Hablé en dos universidades, di dos reportajes en los que, si se lee con cuidado, aparezco diciendo lo que siempre dije. Siempre advertí sobre inflación, sobre legislación laboral, sobre estatizaciones. ¿Qué cambió? ¿Yo? No, cambiaron ellos.» ¿ Cambiaron ellos o el panorama es otro, como dice el ex ministro y candidato nonato? Cree tener razón ante la reacción del gobierno que manda a atacarlo por todos los flancos, prueba de que el escenario de 60 a 20 no era cierto, algo de lo que se darían cuenta recién ahora. Eso, además, alimenta su creencia en que habrá adelantamiento de elecciones a marzo. La razón sería que el gobierno puede creer en algún deterioro de las variables de la economía que haría más vulnerable una reelección en octubre de 2007. Cree que para viabilizar legalmente esa movida, el gobierno va a cubrir las dos vacantes en la Corte Suprema de Justicia. El tema de un adelantamiento llegaría a ese tribunal y Kirchner se aseguraría obtener una sentencia favorable a esa hipotética pretensión. Plantear esa posibilidad, cree, sería otra prueba de desprolijidad institucional, pero no parece seguro de que le haría daño al gobierno en imagen. La polémica sobre la reforma del Consejo de la Magistratura se limitó, cree, a un debate dentro de la dirigencia política, pero no permeó hacia el resto de la sociedad. No cree estar seguro de que adelantar elecciones le reste tantos al oficialismo.

  • Por lo que dicen quienes frecuentan al ex ministro, no les ha planteado un cronograma de decisiones, más que ese difuso plan de escuchar-lo-quedicela-sociedad. Espera que quienes se presentan como sus aliados, además, le acerquen tecnología electoral. «Si hay candidatura, se hará sobre una estructura ya existente. No creo que haya que crear algo nuevo a esta altura», les dijo a los radicales en el Sheraton la semana pasada. Eso lo deberán traer los amigos. «Y también una idea cierta de candidatura, por ejemplo, entender que si soy candidato no soy un candidato más. Otros candidatos ya hay, no soy uno más.» Esta frase, casi olímpica, requiere una precisión que cuesta arrancarle y se parece mucho al postulante que alardea de que no aceptará condición alguna. Cree que quienes se reunieron con él son buenos aliados. «Hablan de los justicialistas, pero los que se reunieron conmigo son lo mejor del peronismo, lo mejor del duhaldismo. Lo peor del duhaldismo se lo llevaron ellos», dice para responder cuestionamientos.

    Si se baja, ¿no será su destrucción política?, le preguntan quienes miden si apostar por él o no. «Nunca fui candidato y puedo vivir sin serlo. Si veo que la idea no prende en la sociedad, no prendió y listo, y sigo en lo mío.» «¿Acaso conocen alguien de la política, en el oficialismo o en la oposición, que haya estado 13 años y siete meses en la actividad privada como yo? No van a encontrar a ninguno, salvo a mí», alardea en el remate.
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