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Sencillo: el ministro de Economía está enterado de que, antes de sus embestidas, Moyano estuvo comiendo con Julio De Vido. Fue hace 15 días, exactamente cuando comenzaron las profecías del camionero: «Nadie es imprescindible». Durante esa comida, de la que también participó José Luis Lingieri, el ministro de Infraestructura confesó que para el gobierno la inflación era el problema de mayor preocupación. Además, según el informe que le pasaron a Lavagna desde el mismo campo sindical, De Vido indicó que su colega de Economía había comenzado a perder credibilidad ante el Presidente por las recetas que sucesivamente propone.
En el encuentro con De Vido, el jefe de la CGT ofreció una tregua de seis meses que tendría la forma de un acuerdo con los empresarios. Claro, a cambio pidió que durante ese lapso se suspendieran los despidos y, sobre todo, que se rechace la reducción de las indemnizaciones. Esta medida fue propuesta por Lavagna y está en el paquete que Moyano calificó de «absurdo». Es obvio.
De Vido, inquieto por la inflación y confiado en que sus interlocutores gremiales podrían tener una solución para ella -increíble forma de mirar el problema- admitió también que se deje en el olvido el proyecto de reforma la Ley de Accidentes de Trabajo que propuso el ministro de Economía. ¿Existe un pacto político entre el titular de Infraestructura y Moyano? En Economía sospechan que sí y que el camionero ha decidido jugar su papel de sindicalista reivindicativo filtrándose en la interna del gobierno. Es decir, asumiendo la voz de los que hostigan a Lavagna. Tal vez el sistema de conspiraciones, alianzas y enfrentamientos que se va diseñando en la cabeza del ministro de Economía sea demasiado geométrico. Ignora, acaso, que la relación de De Vido con Moyano hacía tiempo que estaba interrumpida antes de la comida de hace 10 días y que el tráfico de simpatías y favores -por decir lo menos- que existe entre el camionero y el secretario de Transportes, Ricardo Jaime, enardece al ministro de Infraestructura casi tanto como los contactos entre este arquitecto y el mismo gremialista. Si detrás de Moyano podría estar el ventrílocuo De Vido, ¿detrás de De Vido podría estar Kirchner? Esta pregunta mortifica al titular del Palacio de Hacienda quien, por eso mismo, espera que sea el propio Presidente en estas horas quien despeje la incógnita desautorizando al sindicalista.
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