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25 de julio 2003 - 00:00

Licencias poéticas de un idilio en Nueva York

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Sea porque allí no había representantes de empresas que quieran negociar tarifas o contratos o porque la proximidad de la negociación con el Fondo haya adormecido la lengua del Presidente, lo cierto es que ayer los hombres de negocios que escucharon a Kirchner lo aprobaron en su examen. A pesar de sus contradicciones o fallas de memoria respecto del proceso que él mismo se empeña en historiar con excesivas licencias literarias. A tal punto los anfitriones quedaron satisfechos, que el lobbysta Alan Stoga (Zemi Communications) dictaminó ante un funcionario de la comitiva que «éste es de los pocos presidentes que he visto que podría ocupar mañana mismo el Ministerio de Economía». Stoga intentó ser objetivo pero es conocido que Roberto Lavagna lo tuvo a mal traer durante mucho tiempo con un contrato que él había suscripto con el Palacio de Hacienda, lo que acaso lo lleve a imaginar desplazamientos tan extraños.



Otro sector lo animaba Rafael Bielsa, adornado con una corbata azul con pintitas «tierra de Siena» que le regaló en su momento Rodolfo Galimberti y que usó como cábala durante su paso por los Estados Unidos (visita a George Bush incluida), en homenaje a su amigo, quien en la última etapa de su vida se había convertido en un enamorado de las barras y estrellas. «Lo mío es más sencillo y menos emotivo», bromeó Bordón, tocándose la corbata: «Esta es mendocina, Casa Beige».

Alrededor del jamón con melón y espárragos (después hubo una colita de cuadril con spezzles e higos acaramelados con helado de postre), hubo cordialidad y comprensión. Aun así se escucharon algunos reproches y advertencias. El representante de la eléctrica AES Corporation le reprochó al Presidente que «es injusto que se mezclen a las empresas serias con las que no lo son porque después se viven situaciones muy enojosas que desalientan la inversión». Kirchner mostró alguna irritación con el comentario y retrucó: «También es injusto que usted me haga esa recriminación antes de mirar cómo están formados los grupos de los que actuaron mal y los que actuaron bien». Es lógico que los directivos de esa compañía estén irritados: en Brasil están envueltos en un escándalo porque el gobierno de Lula Da Silva los ha tomado como el emblema de las «malas privatizaciones» de Fernando Henrique Cardoso.

El representante de Cargill-también insinuó alguna disconformidad en el mismo sentido. Preguntó por las retenciones a las exportaciones («Admitimos que son distorsivas pero las eliminaremos paulatinamente», contestó Kirchner) y puso énfasis en la acusación indiscriminada por evasión a algunos sectores de la actividad económica. Como es sabido, Lavagna había señalado en Francia que los exportadores de cereales están en la mira por realizar operaciones de «elusión». Kirchner, que conoce el problema casi tanto como Bordón (antes de marchar a Washington atendió a las empresas del rubro), aclaró: «No va a hacer acusaciones sectoriales. En cada caso habrá una intervención de la Justicia y se adoptarán las medidas que digan los jueces».





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