El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
• La primera incomodidad del encuentro tuvo que ver con su protocolo. Se realizó con una condición previa de secreto, en la que coincidieron ambas partes. Esa cláusula la quebró el duhaldismo, para irritación del Presidente. Eso sí, el mandatario mantuvo una premisa central de su liturgia y es que no haya fotos con Duhalde. Desde la campaña que lo llevó a la Casa Rosada fue consecuente con esa prescripción, que no violentó siquiera el día en que salió segundo y enfiló hacia el ballottage. Hay un solo registro fotográfico reciente de ambos juntos: fue cuando se encontraron a hablar de la transición, con el santacruceño ya consagrado como presidente electo. Si se enhebran estos detalles con la falta absoluta de menciones a Duhalde en los discursos inaugurales de Kirchner, se comprende que en Lomas de Zamora haya algún fastidio con el ritual del nuevo gobierno.
• Sin embargo, apuntar la reserva del reencuentro podría ser sólo una frivolidad si no fuera porque el almuerzo le sirvió a Duhalde para exponer en la mesa presidencial el principal desvelo que le provoca su heredero. Se trata de la anulación del decreto por el cual Duhalde reformuló la concesión de los aeropuertos a la empresa Argentina 2000, en la que conviven Eduardo Eurnekian y Aeropuertos de Milán. Debe haber sido muy costoso para Duhalde tomar una determinación como la que suscribió días antes de irse: no sólo se redujo sensiblemente el canon que debía pagar la empresa al Estado por la explotación -fijado ahora en relación con el número de pasajeros-, sino que se lo hizo por un decreto de necesidad y urgencia. Tanto fervor por salvar a una iniciativa privada de una situación angustiante sólo se explica, en la lógica del «modelo productivo» de Duhalde, por una irresistible presión de las circunstancias. Kirchner no entendió del mismo modo, por lo que se ve, este ejercicio de la responsabilidad. Tal vez fue porque jamás Aníbal Fernández, quien suscribió el decreto, le supo explicar las razones que lo llevaron a hacerlo. O porque Roberto Lavagna, que no lo firmó, se las explicó demasiado bien. A Duhalde le interesa poco hacer la historiografía del problema y prefiere mirar hacia adelante: no vaya a ser que la pista en la que lo pusieron termine en un hangar inconveniente, por ponerlo en términos del ramo. Sus amigos le enviaron mensajes a las empresas afectadas, asegurando que cuando se concesionen de nuevo los aeropuertos serán tenidos en cuenta en primer lugar. En las empresas prefieren que quien realice esas promesas sea Julio De Vido. Del duhaldismo sólo esperan que, si el caso vuelve a fojas cero, eso incluya todos los «derechos adquiridos» en la negociación.
• Si a Duhalde le parecieron insuficientes las explicaciones de Kirchner sobre el decreto en discusión, al Presidente no le debe haber caído bien que no le adelantaran el juego del PJ bonaerense en la Ciudad de Buenos Aires, distrito que a cuya conquista política se ha lanzado desde el primer día de gobierno. Duhalde le juró que sería prescindente en la pelea entre Mauricio Macri y Aníbal Ibarra, pero cuando salió del almuerzo, apretó el gatillo: ordenó a la conducción del partido en la provincia que apoye a Macri en contra del candidato del gobierno. Kirchner quedó molesto con esa actitud. No porque contraríe su estrategia local, que está basada en ser el único factor del eventual triunfo de Ibarra, ya que sólo así podría reclamar en el futuro la paternidad sobre la victoria. Lo que contrarió al Presidente fue la pertinacia con que Duhalde decidió comportarse como un líder nacional, cuando en el tablero de la Casa Rosada sólo tiene asignada la jefatura política de la provincia de Buenos Aires. Es en este punto, el del liderazgo político nacional, donde se juega el duelo entre Kirchner y su antecesor. No alcanza con poner los ojos en la Capital para advertirlo: la misma puja se libra en Misiones, donde Duhalde apoyará a Ramón Puerta en contra de Kirchner, que estará al lado de Carlos Rovira.
• El homenaje del caudillo de Lomas de Zamora a la concordia requirió bastante ascetismo. Duhalde pasó por demasiado contemplativo frente a quienes lo siguen fielmente y se sienten agredidos por el gobierno de su anfitrión durante el almuerzo. La lista no se agota en Carlos Caterbetti, ex titular del COMFER; y Horacio Pacheco, expulsado de la conducción del PAMI, sobre quienes la nueva administración anunció investigaciones por la presunción de corrupción. También Chiche Duhalde está indignada: es cierto que en el área de Desarrollo Social nadie se puso a revisar papeles, pero ella no cree merecer, «después de todo lo que hicimos para que lleguen al poder» -como le confesó a una íntima-, que los Kirchner hayan barrido con todo el personal ligado a ella en el ministerio de la hermana Alicia.
Dejá tu comentario