Mauricio Macri aprovechó el feriado para recorrer ayer, sin estorbar, Buenos Aires con una caravana callejera, ensayo previo al cierre de campaña que pautó para el jueves en el que podría repetir ese esquema, ante el recelo a montar un acto clásico.
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Durante tres horas, el candidato de Compromiso para el Cambio giró por distintos barrios porteños, según sus colaboradores en busca del «plus» de votos necesario para imponerse con «cierta holgura» a Aníbal Ibarra en la elección del próximo domingo.
Confiado, Macri aseguró que ganará las elecciones y que el 10 de diciembre «Buenos Aires se despierta» (una alusión repetida entre los macristas a lo que llaman «la siesta» de su rival) e se iniciará «el gran cambio que pide la gente».
Junto a su vice, Horacio Rodríguez Larreta (h) y candidatos a diputados y legisladores porteños de las distintas boletas que lo llevan al tope, Macri recorrió -a veces caminando pero la mayor parte del tiempo arriba de una camioneta- Villa Lugano, Liniers, Villa Luro, Floresta, Flores y Belgrano. «Lo que más nos pide la gente es un cambio; porque el vecino porteño no se resiste a vivir en esta Buenos Aires sucia, insegura y con un Estado que parece ausente y al que nosotros vamos a poner a trabajar desde el primer día», aseguró el candidato.
En la misma línea, planteó «la necesidad de recuperar y reconstruir el Estado para ponerlo al servicio de los vecinos y no de los políticos» y se comprometió a que «Buenos Aires vuelva a ser la capital latinoamericana de la cultura, la educación, la seguridad y la oportunidad de trabajo para todos, como ocurría cuando venían los inmigrantes a buscar aquí el futuro de su familia».
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