Los movimientos en el Gobierno muestran el deterioro de la figura de Manuel Adorni. Sin vocería, con la salida de Javier Lanari -su alfil en la Secretaría de Prensa- y con ministros que prefieren esquivarlo, el jefe de Gabinete ya perdió buena parte del peso político que tenía dentro de la administración de Javier Milei.
Manuel Adorni, en la pescadería: el Congreso le devolvió la pelota a Javier Milei
El Senado evitó avanzar con la interpelación y trasladó la resolución a la Casa Rosada. Bullrich ganó una batalla en la interna libertaria y el Presidente quedó como único responsable de sostener o desplazar a un funcionario cada vez más desgastado.
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El Congreso evitó avanzar contra Manuel Adorni y trasladó la definición a Javier Milei.
Este viernes volvieron a sonar los rumores de su posible renuncia, aunque sin el Presidente en el país difícilmente puedan convertirse en una definición. No obstante, el raid de versiones tiene, antes que nada, un fundamento: el Congreso no se hizo cargo de la interna libertaria y le devolvió la pelota a la Casa Rosada.
En ese contexto, tampoco pasó inadvertida una frase de Milei durante su paso por España. Consultado por la situación de Adorni, afirmó que, si la Justicia demostrara su culpabilidad, "le pegaría una patada en el culo". La respuesta buscó marcar un límite jurídico, pero también dejó una novedad política: por primera vez el Presidente verbalizó, aunque fuera en forma condicional, un escenario en el que Adorni deja de ser parte del Gobierno. En una administración acostumbrada a blindar a los propios aun en los momentos de mayor tensión, no fue una declaración menor.
La principal beneficiaria inmediata de ese movimiento es Patricia Bullrich. La exministra, que aprendió pronto el juego parlamentario, recogió el guante que le dejó Martín Menem y salió por arriba del laberinto. El titular de Diputados, antes, había evitado una sesión incómoda para su espacio, el karinismo, al lograr que los aliados del Gobierno no habilitaran la discusión para interpelar a Manuel Adorni.
La responsabilidad caía entonces en el Senado, donde el jueves se pensaba sesionar también con ese fin. Sin embargo, la jefa del bloque, pese a sus críticas abiertas al jefe de Gabinete y a las declaraciones previas de las bancadas de la UCR y el PRO -que optarían por plegarse a la iniciativa del PJ de avanzar contra Adorni-, hizo una pirueta en el aire y el recinto se mantuvo cerrado.
La sesión que no fue y el alivio para la Casa Rosada
“Me encantaría que alguien le pregunte a Mayans por qué salvó a Adorni”, reflexionaba un senador, ya caída la sesión. “Estaban todos arriba y no bajaron”, confesaba un peronista. “La única explicación posible es que el pescado podrido siga en la pescadería”, agregaba.
Parte del razonamiento de los sectores menos involucrados en la pelea era sencillo: tanto a Bullrich como al peronismo, en el extremo, les convenía que Adorni siguiera en la pescadería. Un desgaste gratis del Gobierno solo por sostener a un funcionario magullado de tantos golpes. Por supuesto, en el PJ el resultado es ambivalente, ya que también implicó una derrota: al fin y al cabo, la propuesta de interpelarlo y apostar por el despido a mano alzada era del interbloque de Mayans, que hasta se entusiasmaba con lograr una primera victoria legislativa en este 2026.
La ecuación para Bullrich era distinta. Evitó ese triunfo peronista, pero también fortaleció su posición en la pulseada con los sectores de La Libertad Avanza con los que escala la tensión. Máxime tras la decisión del jefe de Gabinete de desautorizarla en público, al confirmar que estaba “disponible” para asistir el 2 de julio al Senado a elevar su informe de gestión, apenas minutos después de que Bullrich comunicara que todo estaba dado para que no fuera.
También quedaron entre la espada y la pared en PRO y la UCR, que debían elegir qué era peor, según sus principios: votar junto al peronismo o quedar pegados a la defensa de Adorni. Como mandan las encuestas en esas lides, de haberse desarrollado la sesión, hubiesen terminado votando con el peronismo, porque hoy Adorni es un pasivo político difícil de defender, con un rechazo que no consiguen ni los villanos de los cómics.
En definitiva, el Congreso, donde conviven todos los espacios, optó por una solución: que se encargue Milei de Adorni, que en definitiva fue quien lo nombró.
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