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27 de febrero 2002 - 00:00

Megaacto para el 24 de marzo en la Plaza de Mayo

No satisface a Eduardo Duhalde por completo la convocatoria del próximo viernes a la Plaza del Congreso, pese a que ya está asegurada la concurrencia con micros y gentío de las intendencias bonaerenses. Para el 24 de marzo se prepara una megaconcentración «en contra del pasado». Llevará como asociado el radicalismo de Raúl Alfonsín, con el slogan: «Por una nueva Argentina». Está claro que ya hay un país distinto. Pero no se entiende el motivo para festejar este descenso de categoría al que han impulsado a la Argentina con el resurgir del dirigismo como base para cualquier política económica. Se esfuerza Eduardo Duhalde en mostrarse como hombre de renovación, lo que en realidad es lo que siempre hace un mandatario al asumir. Duhalde y Alfonsín van a ese 24 de marzo, fecha de la interrupción de un gobierno de gestión inútil, elegido por el pueblo, por otra administración militar que provocó daños irreparables, junto al resto de los integrantes del «Club Bonaerense» como Leopoldo Moreau, Aníbal Ibarra y «Fredi» Storani. En las conversaciones que ya están manteniendo para la megaconcentración aseguran que no será contra nadie. Debe entenderse la necesidad de que entre en movimiento el aparato duhaldista de la provincia de Buenos Aires con intendentes que, además de mostrar su adhesión, necesitan financiamiento para sus fuentes. Alguno de ellos será ministro tras las movilizaciones.

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Que ya hay una Argentina distinta no es una novedad. Se diría que es una desagradable novedad esto de vivir en segunda o cuarta categoría. Pero pocos entienden la alegría por festejar ese descenso, o celebrarlo como iniciación de una etapa diferente, magna. No se descubren muchas diferencias con la «Argentina potencia» u otras sandeces promovidas con Juan Carlos Onganía, otros militares penosos después, el radicalismo de Alfonsín y la publicidad de Carlos Menem. Pero la recurrencia gubernamental es sistemática y Duhalde, como otros antecesores, se anuncia como el gestor del «cambio», del «hombre nuevo», de esa «Argentina que no fue y que será». Casi un catálogo de agencia la variedad de leyendas.



Aseguran que no será contra nadie, pero cuesta aceptarlo. De cualquier forma, cuando se planifican estos movimientos humanos, la fantasía se vuelve realidad para quienes los impulsan y temor para quienes son testigos. Pero habrá que entender la necesidad por ejercitar el aparato duhaldista de la provincia de Buenos Aires, la capacidad organizativa de algunos intendentes bonaerenses que, además de su fe en Duhalde, también requieren financiación para nutrir sus fuentes y robustecerse ellos mismos como líderes. Alguno de ellos será ministro luego de las movilizaciones. Son muchos los necesitados, algunos los beneficiados, para esa jornada del 24 de marzo en Plaza de Mayo cuando Alfonsín y, sobre todo, Duhalde, les griten desde el balcón o desde otro palco -si no les da el coraje- que se inicia otra Argentina. Felices de los que creen sin haber visto, como le dijeron a Santo Tomás.

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