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Esta manifestación del ex presidente se conoció en el discurso que pronunció durante la comida de la peña Joaquín V. González, que anima Ricardo Romano. La reunión se realizó en uno de los pabellones del complejo Costa Salguero, donde se congregaron 3.000 personas de clase media y alta, en general independientes, que pagan su tarjeta para participar del encuentro. El precandidato del PJ concurrió a esa comida acompañado por su esposa Cecilia Bolocco.
Menem, además, insistió en que procurará regionalizar el país, lo que supone reducir el número de provincias. Uno de los más cercanos colaboradores del riojano tradujo estos mensajes en una fórmula lacónica: «Estamos llamando». Es decir, el ex presidente ha comenzado a utilizar una amenaza para los mandatarios provinciales que se muestran reticentes en sus alineamientos internos: como cuando intentó alcanzar su segunda reelección, Menem se propone una alianza entre el poder central y las comunas que puentee a los jefes provinciales. Aunque técnicamente el proyecto resulte imperfecto, sobre todo si se lo compara con aquella ya antigua iniciativa de Ricardo López Murphy, consistente en que sean las comunas las que recauden los impuestos y los deriven luego a las otras jurisdicciones.
La decisión de constituir este comando obedece a varias necedel ex presidente siguen enredados en una madeja de rivalidades que, si en la década del '90 proveían gracia y creatividad a la política de su jefe, ahora amenazan con consumir cualquier iniciativa en una rencilla que olvidó hace tiempo su origen y motivo.
Pero Menem mira más allá de su entorno para relanzar un grupo de «apóstoles». Quiere que en cada provincia se genere una alternativa a los gobiernos actuales, sobre todo cuando se trata de las gobernadas por caudillos leales a Duhalde. La intención es salir de la lógica metropolitana de disputa con el oficialismo nacional y tender una red federal con asiento en el interior.
Esta operación no se dirige solamente a pelear la interna contra el duhaldismo. Observa también la posibilidad de que, finalmente, Menem deba concurrir a las elecciones de 2003 con un partido propio, anulada la competencia en el PJ por un ardid legal o por el agotamiento del calendario. Es lo que comienza a planificarse a su lado, sobre todo desde que el duhaldismo se burló de la posibilidad de un pacto para fijar la fecha de la interna el 23 de febrero. En un almuerzo de despedida del año, ayer, en Mataderos, el propio Bauzá admitió que difícilmente le firmen el acta de entendimiento que venía negociando con Eduardo Camaño y Juan Carlos Mazzón. Menem hizo que un empleado del partido de apellido Jaliff hiciera guardia durante todo el día de ayer para controlar si Camaño concurría a firmar ese documento. Fue en vano. El menemismo prefiere ahora utilizar su mayoría en el Consejo partidario para establecer la fecha y desafiar a Duhalde a que la anule a través de un congreso que, a esta altura del año, parece de difícil convocatoria.
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