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22 de octubre 2002 - 00:00

Menem ordenó romper con Duhalde

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La instrucción de adoptar actitudes más claras y terminantes dada por Menem ayer será traducida en los próximos días en hechos concretos. El gobernador Romero, encargado de la operación institucional lanzada ayer, se reunirá con diputados identificados con Menem esta semana. La próxima lo hará con senadores alineados en el mismo sector y, mientras tanto, irá comunicándose con gobernadores para sensibilizarlos sobre lo que para los opositores es una estrategia de Duhalde de intervenir en la interna del partido a partir de los recursos del Estado.

Si la agresividad que ayer se notaba en el Hotel Presidente se traslada a la Legislatura y a otros espacios institucionales, es posible que la imagen de la vida pública argentina se deteriore exactamente cuando el gobierno negocia con el Fondo Monetario Internacional el tramo final de un miniacuerdo. Se espera que hacia fin de esta semana o comienzos de la que viene llegará una misión del Fondo para discutir la redacción de la carta de intención definitiva que debería aprobarse a comienzos del próximo mes.

En la suite de Menem se desarrollaron varias reuniones pero hubo tres relevantes: una con Bauzá, otra con Pierri y finalmente una larga conversación con Romero. Los tres habían hablado con Duhalde durante el fin de semana y en todos los casos la conclusión transmitida al riojano de esos contactos fue la misma: «No sabemos lo que quiere, nos pide cosas distintas y nunca define». Es bastante obvio que se mantengan las incógnitas: tampoco Duhalde sabe lo que quiere. O, mejor dicho, no sabe si puede lo que quiere o quieren sus adláteres: más tiempo en el poder.

La idea central del oficialismo duhaldista en estos días es que la situación económica, más favorable, puede revitalizar su principal proyecto político: impedir la llegada de Menem al gobierno. Sin embargo, para medir correctamente sus posibilidades en esta pretensión, el gobierno debería tener un candidato antes de enero. Pero eso es imposible, salvo que ese candidato sea el propio Duhalde. Sólo cuando despeje en su propia interioridad estas dudas el Presidente podrá decir claramente lo que quiere: enfrentar a Menem o pactar con él. Entre tanto, sólo le queda demorar el momento de la definición.

En el peronismo gana cada vez más terreno la idea de que, finalmente, el gobierno actual intentará permanecer hasta diciembre del 2003 en Olivos, alentado sobre todo por la segunda línea de poder. Esta presunción no se limita a los menemistas, también Adolfo Rodríguez Saá y los suyos piensan así. Sin ir más lejos, ayer Angel Torres -principal operador de Romero- se comunicó con Luis Lusquiños -mano derecha de Rodríguez Saá- y coincidieron en enfrentar el juego de Duhalde sin involucrarse en sus movimientos institucionales (congreso partidario, establecimiento de una Junta de Notables, etc.).



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