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7 de abril 2005 - 00:00

Menem y Duhalde en el mismo avión

Ayer, fue Daniel Scioli el primer miembro de la comitiva oficial del país en prosternarse ante el cuerpo yacente de Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro. Hoy, la delegación argentina se animará con dos presencias sorpresivas y que viajaron anoche desde Buenos Aires: los ex presidentes Carlos Menem y Eduardo Duhalde.

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Daniel Scioli, Eduardo Duhalde, George Bush, Luiz Inácio Lula da Silva, Bill Clinton, rey Juan Carlos, Carlos Menem y Néstor Kirchner.

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• El primer dato que adjetivala presencia de Menem y Duhalde, juntos, en las exequias del Sumo Pontífice, es la ausencia de Néstor Kirchner. No vale la pena abundar sobre lo mal que se condujo el Presidente en relación con esta muerte. Es cierto que la inasistencia a los funerales podría excusarse en la imposibilidad de poner un pie en Roma, donde una multitud de bonistas amenaza con una eterna batucada, lo que también podría inhibir la participación de Kirchner en la asunción del nuevo papa. Pero que haya evitado también la misa que el cardenal Jorge Bergoglio rezó en la Catedral es un error político difícil de comprender.

Estos desaciertos persuadieron más a los otros dos caudillos a subir al avión. Menem comenzó a comunicarse con Italia bien temprano, aprovechando la ventaja de que allá se encuentra su secretario Ramón Hernández. El desacierto de Kirchner fue un gran estímulo, a tal punto que anoche, al advertir la migración colectiva hacia la Plaza San Pedro, hasta varios diputados radicales se levantaron de sus bancas para correr a la avenida Santa Fe y convencer a Raúl Alfonsín de que también se suba al avión. La escena no puede ser más tentadora: hacer fila junto a los dos Bush, Bill Clinton, el rey de España, Jacques Chirac y otros importantes líderes internacionales.

Duhalde lo decidió ayer al mediodía, cuando se comunicó con Caselli en Roma para organizar una recepción de alto nivel. No es un detalle aleatorio que el hombre de Lomas de Zamora resolviera llamar a Caselli y viajar al funeral exactamente en el momento en que le comunicaba a los principales dirigentes que lo rodean, la determinación de inscribir una lista para participar de las internas del PJ bonaerense con el nombre de su esposa Hilda Chiche González como candidata a senadora. Curioso lenguaje el de la política, que puede transformar en declaración de guerra una resolución a asistir a las exequias del «peregrino de la paz», como le gusta al catolicismo llamar a su pastor fallecido.

• El momento por el que transcurre la lucha interna del PJ convierte a la involuntaria «cumbre» Menem-Duhalde en una ocasión propicia para que ambos crucen alguna palabra sobre un problema que desde comienzos de esta semana está expuesto en la mesa del bonaerense. Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados y también del congreso nacional del PJ, es la única autoridad constituida de ese partido. En ese carácter, recibió de la jueza federal con competencia electoral, María Servini de Cubría, una requisitoria para que el peronismo comience a regularizar su acefalía, precipitada cuando Kirchner descabezó la cúpula establecida en el congreso de Parque Norte. Fue el que dio marco a aquella discusión, hoy premonitoria, entre Cristina Kirchner y Chiche Duhalde, que Aníbal Fernández calificó como «pelea de alta peluquería». Que la doctora Servini reclame por la normalización del PJ no puede ser más oportuno para los dos peregrinos de Aerolíneas. A Menem lo respalda en la campaña que lanzó junto a Adolfo Rodríguez Saá a favor de una interna partidaria en la que se legitime una jefatura a través del voto de los afiliados. Y a Duhalde le da la posibilidad de, mirando para otro lado, habilitaresa disputa que pega directamente en el corazón del poder: si algo no desea el presidente de la Nación es que lo sometan a una pelea, para él extemporánea, por la jefatura de una organización política donde su liderazgo sigue siendo dudoso. ¿Será éste el Pacto de San Pedro? Si se da fe a las versiones que circularon en el entorno de ambos presidentes -todas ellas interesadas y, si se quiere, exageradas-, es altamente probableque la común estadía en Roma facilite un entendimiento sobre la instalación de una nueva jerarquía en el peronismo.

• Menem y Duhalde dialogarán con encumbrados cardenales, según una agenda que preparó Caselli durante la tarde de ayer: el ex embajador es «Gentiluomo del Santo Padre», dignidad que el papado concede a pocos laicos y que convierte a este argentino en uno de los protagonistas de la liturgia funeral de Juan Pablo II (los «gentiluomini» son señores que secundan a los prelados durante las grandes solemnidades, vestidos de frac y -en esta ocasión- con condecoraciones).

Mientras los dos ex presidentes participan de estas pacíficas celebraciones, en sus territorios seguirán las guerras. El sábado, Chiche Duhalde visitará La Matanza, aprovechando que el dueño de casa, Alberto Balestrini, estará en Mar del Plata en el lanzamiento de Cristina Fernández de Kirchner. Mientras preparaba la excursión, ayer, la diputada mostró una encuesta como si fuera una daga: «80% del electorado cree que Cristina debe ser candidata por Santa Cruz, no cambiar de distrito. La gente la valora mucho por su ética y no está claro por qué incurriría en una defección». Al mismo tiempo, varios duhaldistas de la quinta sección electoral comenzaron a maquinar la recepción que le darán a los seguidores de Kirchner el sábado, en «La Feliz», con carteles y solicitadas.

• Sin embargo, la guerra bonaerense, ya lanzada, no agotará los comentarios que se escuchen en Roma. Algo se destilará también sobre La Rioja. ¿O Duhalde no se va a tentar con contarle a Menem la visita de Jorge Yoma a Lomas de Zamora, el viernes pasado, para llorar con amargura la indiferencia de Kirchner y el apoyo de la Casa Rosada al gobernador Angel Maza? «No vengas a quejarte acá, ¿o no ves lo que me hacen a mí?» contestó Duhalde. Una respuesta que no podrá darle a Menem, salvo que quiera arriesgarse a una respuesta irónica: después de todo, Kirchner está en el poder casi exclusivamente por la guerra mortal que llevaron adelante por una década estos dos viajeros del Papa.

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