La vicejefa porteña, Gabriela Michetti, fue la recepcionista, en una cena del jueves por la noche, de duras quejas de los legisladores PRO contra los ministros de Mauricio Macri. Hay malestar en algunos sectores de esa bancada, que creen que el jefe de Gobierno los ha tomado como meros votadores de leyes y ni siquiera reciben por ello premio alguno. Presumen, inclusive, que los ministros no los atienden por temor a responder a peticiones variadas o favores fuera de reglamento.
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Esa desazón pareció mostrarla, además, la propia Michetti, autora de la convocatoria al bloque para que se entregara a una suerte de terapia casera.
Dicen que por estas horas están pasando un buen momento, pero que la interna es sorda entre Michetti y Horacio Rodríguez Larreta, el titular del gabinete de Macri.
Es que Larreta, grafican sus más cercanos, «está en todas partes, ocupó todos los casilleros», tiene subsecretarios que son de su partida, funcionarios y algún ministro que le es más leal que otro, pero lo cierto es que el jefe de Gabinete no pierde pista a tema alguno.
En cambio, según apreciaron asistentes a la mesa del jueves, Michetti no encuentra el lugar que querría en el staff del mandatario porteño y ha empezado una serie de encuentros protagónicos, a la vez que participa todo lo que puede en reuniones con ministros, aun las convocadas por Larreta.
Arrancó con los legisladores porteños de PRO y dejó que los diputados se explayaran con peticiones y quejas hacia los ministros, un grupo que manifiesta alternativamete con lealtades diversas. Si bien todos responden a Macri, hay algunos que no dudarían en respaldar a la vicejefa ante cualquier conflicto. Uno de ellos, aseguran, es el cultural Hernán Lombardi, contra quien, precisamente en esa mesa de diputados se oyeron muchas quejas. Otro, Guillermo Montenegro, el titular de Seguridad y Justicia quien ya ha mortificado al legislador porteño Cristian Ritondo. Otro, señalan, es el fallido Mariano Narodowsky, de Educación, quien debió aclarar que el aumento docente que su área había difundido no era tanto como 24%.
Pero no son esas cuestiones las que mantienen a algunos diputados enfrentados con el gabinete macrista. Es más sencillo y pasa por la atención de los teléfonos y el copiright de proyectos de leyes. Le sucedió a Ritondo, quien presentó un proyecto de creación de una policía propia para la Ciudad de Buenos Aires que terminó prácticamente descalificado al anunciarse que Montenegro presentará esta semana el suyo.
Le pasó también, según escuchabala mesa, a Jorge Garayalde, un legislador nuevo que incursiona en el área cultural y confió que se cansó de telefonear a Lombardi, sin suerte y que «si en la actividad privada llamo cuatro veces y no me atienden, entiendo rápidamente que no quieren hablar conmigo».
Otro que también presentó la queja en el mismo sentido fue, de Recrear, Carlos Araujo, alistado en estos momento en la interna de su partido contra quienes están de acuerdo en fusionarse con la tropa macrista.
«Algunos creen que la gestión es la política y la gestión es una parte de la política y esto creo que los ministros lo comenzaron a comprender», tranquilizó Michetti a la tropa.
«Se creen que nosotros les vamos a hacer pedidos personales y no que podemos ayudar», se lamentó Ritondo.
«Y nos mandan a votar leyes cuando los proyectos todavía no ingresaron», remató Araujo.
«Los diputados le pidieron a Gabriela que sea una mensajera del estado de insatisfacción del bloque, que hasta ahora es lo más expeditivo y lo menos reconocido de la gestión», sintetizó un diputado PRO.
Ese clima quizá no arroje resultados en breve, pero ya hay resistencia de la propia bancada a sancionar leyes en forma exprés como lo viene haciendo desde que asumió Macri. Por caso, se caería casi definitivamente la norma que autoriza a Macri a revisar todas las concesiones del Gobierno porteño y alguna más que no encuentra consenso en el recinto a pesar de los votos mayoritarios que exhibe la bancada macrista.
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