12 de octubre 2001 - 00:00

Miedo a bombardeos paraliza a los afganos

Kabul (AFP, ANSA, Reuters) - «Nuestra sangre se seca en nuestras venas cuando se apagan las luces. Sabemos entonces que el ataque va a empezar», relató un habitante de la capital afgana que padece los bombardeos de la campaña aérea estadounidense.

«Mi familia y yo no hemos podido dormir durante las últimas cuatro noches. Tengo sueño, pero trabajo para no morir de hambre», explicó Qand Agha, vendedor ambulante de manzanas.

«Una bomba cayó en una casa y mató a una niña de 12 años y otras tres casas se derrumbaron como consecuencia de la explosión. Salvo este carrito y Dios, no tengo nada más, ni siquiera dinero», indicó.

Enemigos

Una maestra denunció que una beba de seis meses murió. «Era inocente como todos los civiles en Afganistán. La gente comenzó a comprender que son enemigos de los musulmanes.»

Las cifras de muertes son cambiantes y van desde una decena hasta casi doscientos.

Según indican las agencias de noticias occidentales, los habitantes se alejan de Kabul aunque no pueden cruzar la frontera ya que tanto Pakistán como Irán las tienen cerradas. «No vamos a tener más seguridad en otro pueblo en donde tenemos parientes, pero por lo menos tranquiliza a los niños y también nos tranquiliza a nosotros. Aparte de rezar no podemos hacer otra cosa», contó otro habitante.

Relato

Más allá de los habitantes de Afganistán, el miedo tiene otra cara, la de los pilotos aliados. El estadounidense Chuck Wright confesó: «En principio vamos a hacer exactamente lo que nos indicaron, pero a eso le agregás la excitación, el miedo visceral, el miedo a lo desconocido la primera vez que vas». Wright realizó su prime-ra misión tras 22 años de carrera militar.

«Y la primera vez que mirás abajo y ves las baterías antiaéreas viniendo hacia vos, se te dispara el corazón, pero después te das cuenta: ¡Hey!, las balas no llevan escrito mi nombre, así que todo va a salir bien», relató el piloto.

Wright dijo que le hizo recordar a las películas cuando su avión y otro que volaba a su lado hicieron estallar dos MiG 21 estacionados en el aeropuerto militar afgano de Kandahar.

«Fue impresionante. Supimos que no teníamos que hacerle otro pase porque desapareció. Me sentí muy bien», agregó.

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