Azorado, admira el diputado joven Juan Cabandié -convertido ayer al más ortodoxo «ruccismo» por sus jefes de la CGT oficial- cómo hacen juegos de manos, riendo, Hugo Moyano y Julio Piumatto. Alguna vez lo dejarán participar a él.
Extraño, quizá inesperado, rol le toca a Néstor Kirchner: con su patrocinio, bajo su protección, el peronismo se entretiene en eventos anecdóticos que en el lenguaje del pasado que con tanta asiduidad visita el ex presidente adquieren una relevancia cuasi histórica.
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Ayer se produjo uno de esos sucesos: en un salón de la CGT, sobre la calle Azopardo, bajo el influjo de una imagen de José Ignacio Rucci, el joven mimado de los Kirchner, Juan Cabandié, se fotografió con Hugo Moyano y selló una fusión de hecho con la Juventud Sindical.
Cabandié, hijo de desaparecidos, recuperado número 77, fue nominado por Kirchner como secretario de Juventud del PJ. Además, con José Ottavis y Mariana Grass, integra la cúpula de La Cámpora, agrupación juvenil que ordena, vía satélite desde Río Gallegos, el empresario inmobiliario Máximo Kirchner.
Cabandié toleró los elogios a Rucci, a quien seguía Moyano hace 30 años en su cruzada contra el peronismo de la Tendencia.
Bajo el prisma actual, que uno de los caciquejos de un grupo que venera al tío Héctor, abrace a un viejo militante de la ortodoxa juventud sindical como Hugo Moyano -algunos lo vinculan, incluso, a la CNU- resulta, al menos, un hecho curioso.
Bello milagro kirchnerista que quizá encuentre en el pasado lejano un antecedente. Amigos de Cristina de Kirchner relatan que el día que mataron a Rucci, la ahora presidente confesó su enojo. «Están locos» dijo -comentan- sobre los que, por entonces y ahora, cayó la sospecha de la ejecución: montoneros.
Era, por entonces, una muchacha que simpatizaba con la Tendencia con la misma pasión con que asistía a los partidos de rugby en La Plata.
A su modo, el pasaje de Cabandié por la CGT, de la mano de Julio Piumato, puede leerse como una síntesis de los ciclos críticos, y los vaivenes, que sacudieron al peronismo en las últimascuatro décadas. La fusión entre la JP y la Juventud Sindical es, en cierto modo, inédita. La defensa gutural del gobierno -Moyano dijo, en un rapto de fanatismo que «Néstor y Cristina cambiaron la historia»aparece detrás de un acercamiento que tuvo un ensayo cuando ambos sectores, La Cámpora y el moyanismo fueron ofensiva del gobierno en aquella guerra con el monopolio «Clarín».
Fue el camionero quien estrenó, en la plaza del Sí cristinista, el eslogan «'Clarín' miente» que luego reforzaron los militantes camporistas con pancartas contra TN, el canal de cable del grupo. Operaron, además, contra los caceroleros y los piquetes chacareros.
Cabandié estuvo en Plaza de Mayo, codo a codo con Luis D'Elía, la noche del martes que estallaron las cacerolas contra Cristina de Kirchner: Pablo Moyano, heredero del jefe de la CGT, salió con algunos camioneros poco amables a desbloquear piquetes de productores.
Ayer, separados por el pasado, quedaron juntos por los Kirchner. Moyano padre elogió la unidad de la JP y la Juventud Sindical que comanda Juan Moreyra «nos da el ejemplo de la necesidad de unir al movimiento nacional justicialista como columna vertebral del movimiento nacional y popular que encarna Cristina Fernández de Kirchner».
Piumato, gestor del acercamiento, lo destacó como «un hecho histórico». Endulzado, Cabandié usó la misma definición y agregó que explica que ambos sectores juveniles « tenemos objetivos por delante».
«Hemos aprendido de las equivocaciones del pasado, ya que saber que la juventud está unida demuestra no sólo eso, sino que además tenemos un objetivo común y con dos opciones: administrar el presente o hacer historia para el futuro», completó Cabandié.
Al final, en nombre de la JSP, habló Aníbal Torreta, que se dedicó a un panegírico de Rucci.
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