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En todas las conversaciones Noriega avanzó sobre una agenda similar. A Kirchner, igual que al resto de los funcionarios del gabinete, les explicó la postura informal de su país respecto de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional: «El presidente George W. Bush apoyará que se llegue a un acuerdo y que ese acuerdo sea de largo plazo, siempre que se presente un programa sustentable». El problema de la existencia o no de ese programa había aparecido por la noche, mientras comía un arroz con pollo en la residencia que ahora ocupa el encargado de negocios Milton Drucker (a quien algún amante de la literatura francesa imagina salido de una novela de Victor Hugo). Jesús Rodríguez pidió perdón a los legisladores peronistas para decir: «El problema de ustedes, muchachos, es que carecen de un plan, de un programa económico». Díaz Bancalari contraatacó con uno de sus dislates: «Acá los que no nos cumplieron fueron los Estados Unidos, que tendrían que habernos puesto el 'cash'» (para hablar de plata recurrió al idioma del visitante y al típico gesto de golpear una mano sobre otra).
A Kirchner le bastó la afirmación sobre el rol de Bush, que formulada por Noriega tiene un peso especial: el funcionario viene de compartir con su presidente un día de campo en el rancho de Crawford, donde recibe un tratamiento especial, sobre todo desde que Colin Powell anunció que no formará parte del próximo gabinete del gobierno, si es que hay reelección.
Noriega ya se había quejado la noche anterior de las «dificultades de tránsito que hay en Buenos Aires», en alusión a la concentración en favor del presidente de Venezuela, que se realizó en la Facultad de Derecho. «Vino Chávez con su circo», le explicaron para que respondiera, en obvia alusión a Fidel Castro: «Sí, dos por tres viene un circo a Buenos Aires». Ya en serio, en la Cancillería, el funcionario se refirió a Chávez duramente, acusándolo de alentar -o por lo menos no combatir claramente-el desarrollo de la guerrilla colombiana. Por impulso de los Estados Unidos ese movimiento insurgente será caracterizado como «terrorista» en la Organización de Estados Americanos (OEA).
Si algo sucedió en Buenos Aires que roza la escena internacional en estos días, el episodio tuvo lugar ayer en la reunión del enviado de Bush con el canciller. Por comentarios que deslizó más tarde, a Noriega lo sorprendió en nivel de información de Bielsa sobre el atentado terrorista que terminó con la vida de Sergio Vieira de Mello, representante de la ONU en Irak. «Si algo aconseja llevar el control de Irak a la mesa multilateral de la ONU es el atentado de ayer, donde seguramente hubo participación iraquí pero también una mano de afuera, de algunas de las organizaciones terroristas de la región». Por la vía de este razonamiento, Noriega alentó a Bielsa y a los demás funcionarios a insistir, como hizo el canciller en una carta privada a Powell, en llevar la operación iraquí a Naciones Unidas. Es una novedad importante: la asamblea de ese organismo, que sesionará en setiembre y será abierta por Bush, producirá ese cambio jurídico. A partir de entonces, las fuerzas argentinas podrán cooperar en contingentes de mantenimiento de la paz.
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