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• La República Argentina mantiene con la República Oriental del Uruguay una controversia en relación con el proyecto de construir dos plantas industriales de producción de celulosa y sus instalaciones conexas sobre la margen izquierda del río Uruguay, recurso compartido entre ambos países. No concebimos esta cuestión desde ninguna xenofobia ni desde ningún exagerado nacionalismo. Lo entendemos tal cual es: un problema ambiental con ribetes económicos y posible impacto en la calidad de vida de seres humanos que viven a uno y a otro lado de la frontera.
• Esta controversia con nuestros hermanos uruguayos se suscitó cuando, en tres oportunidades, el Uruguay autorizó unilateralmente dichos emprendimientos, incumpliendo el Estatuto del Río Uruguay. En contradicción con preceptos básicos del derecho internacional que protegen al medio ambiente, el Uruguay ignoró los reiterados requerimientos de información que la Argentina le formuló. Ignoró, asimismo, los reiterados pedidos de nuestro país para que se suspenda la construcción de las plantas proyectadas, hasta que pueda determinarse, de manera objetiva y fidedigna, el impacto transfronterizo acumulado. Siempre fuimos gente de diálogo y estamos dispuestos a dialogar. Lo que no podemos hacer es quedarnos de brazos cruzados. Cuando se trata de gente y de medio ambiente, de lo que estamos hablando es, en definitiva, de calidad de vida.
• Quiero agradecer por eso el apoyo del Honorable Congreso de la Nación a la iniciativa de recurrir, si resulta necesario, a la Corte Internacional de Justicia, que es, por otra parte, el modo específico de solución de controversias pactado desde el año 1975. En este marco, invito al señor presidente Tabaré Vázquez a encontrar una solución inmediata, que contemple el conjunto de problemas ambientales involucrados.
• Apelo también a uruguayos y a argentinos, a argentinos y a uruguayos a restablecer un clima de hermandad y cooperación. Con ese espíritu también invito a mi amigo el presidente Vázquez a suspender las obras por un período de noventa días, a los efectos de que, durante ese plazo, recibamos una opinión autorizada e independiente que nos establezca con claridad los criterios y exigencias que se deben adoptar para asegurar que la calidad de vida de argentinos y uruguayos, uruguayos y argentinos, vecinos del río Uruguay, no se vea afectada por la eventual instalación de las plantas. Querido pueblo uruguayo y presidente del Uruguay: sólo noventa días, nada más que noventa días, para que los mejores ambientalistas del mundo ayuden a dos pueblos hermanos a resolver este tema como corresponde y a evitar estos espectáculos dolorosos que nos toca ver a quienes creemos en la unidad latinoamericana y en la unidad con el pueblo uruguayo. Se lo pido con la mayor de las humildades, querido amigo y hermano presidente del Uruguay.
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