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2 de enero 2006 - 00:00

Nuevos populismos latinoamericanos sin "balcón" ni "plaza" pero con plata

Un comentario político de fin de semana -que reproducimos y ampliamos a continuación- introduce nuevamente el tema de que los nuevos populismos latinoamericanos de izquierda, como el chavismo venezolano, el kirchnerismo argentino y el Brasil de Lula, no pueden reunir masas en plazas públicas ni ofrecer balcones calientes a sus líderes porque están basados más en el dinero hoy abundante en el mundo que en carismas personales. Es la inversa de lo que ocurría hace 55 años.

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Hugo Chávez y Néstor Kirchner

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Debió profundizar más el columnista ese buen enfoque y arriesgar por qué ahora los demagogos latinoamericanos no tienen «plaza» con gente ni «balcón» desde el cual enardecerse y enardecer a masas. Los nuevos populistas de nuestro continente tienen más plata que carisma, a la inversa de lo que ocurría en los años '40 y '50 con Juan Perón, Getulio Vargas en Brasil, Ibáñez en Chile y luego Velasco Ibarra en Ecuador, Rafael Pérez Giménez en Venezuela y otros. No es tanto que modernamente la televisión sustituya «los actos» en lugares abiertos, aunque ciertamente ese medio es fuerte difusor. Pero ningún populista, porque está en sus entrañas, desecharía un acto de glorificación frente a una multitud que lo aclamara. Desde el mundial de fútbol de 1978 tenemos en la Argentina televisión de alto nivel y en color, sin embargo ni Italo Lúder ni Raúl Alfonsín, en el proselitismo de 1983, se privaron de reunir un millón de personas cada uno en la avenida 9 de Julio. ¿Acaso no fue televisado el acto donde Juan Carlos Blumberg reunió frente al Congreso -y marcó el récord de concurrencia de los últimos años- casi 200.000 personas? El repudio a siete años de largo militarismo en el primer caso y la ira en la población al ver sus hijos amenazados de secuestro y muerte movilizaron a la sociedad, en esos actos, hubiera o no televisión.

El déficit personal de los populistas actuales latinoamericanos -quizá pueda ser una excepción futura el boliviano Evo Morales- es, entonces, que no atraen a las masas porque no tienen ese «ángel» en presencia y en discursos, algo que en definitiva sería una suerte para las democracias que amenazan. Perón, Ibáñez y el brasileño Vargas también sumaban plata (la acumulada por vender afuera y no poder importar durante la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945). «Sumaban». Hoy día sólo es plata para repartir subsidios, dar prebendas y recolectar así votos y voluntades. ¿Quién imaginó alguna vez a Eduardo Duhalde frente a una Plaza de Mayo repleta de público cuando sólo era capaz de reunir gente en un polideportivo y con activistas llevados en colectivos pagos más choripán y gaseosa? ¿Alguien se lo imagina al matrimonio Kirchner llenando espontáneamente por simpatía un estadio de River? Pero mientras los chinos e indios suman bienestar y se devoren nuestra soja y nuestros alimentos de exportación y mientras el barril de petróleo esté en 60 dólares para Venezuela los populistas de izquierda seguirán gobernando. Y hasta con votos en urnas legítimas, aunque sean sufragios regados con mucho dinero.

Morales Solá agrega que los gobernadores radicales que no se plegaron a la oposición que repudió el intento kirchnerista de dominar totalmente a la Justicia fue porque tuvieron




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