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El cordobés que no acierta con sus expresiones tampoco puede imprimirle un rumbo de su campaña; no logra subir en las encuestas y tampoco convence por televisión.
El viernes aterrizó en Anillaco (una chiquilinada política para provocar a Menem) luego de pasar varias horas en Mar del Plata demorado en un encuentro de mujeres justicialistas que convocó
Hilda Chiche Duhalde que además lo recibió con frialdad. Unas dos mil mujeres lo esperaron en una recepción tibia que mostró a un De la Sota algo tímido. Pese que habló más de 20 minutos no logró captar el entusiasmo de las mujeres peronistas.
En el terruño de
Allí, y en un tono paternalista y poco convincente, recomendó a los candidatos que le tienen miedo a la gente y no quieren que voten que mejor se «se dediquen a otra cosa» que a la política.
Yoma no logró que De la Sota pisase Chilecito, lugar adonde derivó muchas de las ayudas que logró del gobierno nacional por su accionar legislativo. Viendo esas ayudas a legisladores fue que un Antonio Cafiero presumió que en el Senado pudo haber coimas por la sanción de leyes como la reforma laboral.
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