Lejos, casi olvidados, quedaron los tiempos en que Néstor Kirchner rehusaba, con malabares poco elegantes, aparecer peligrosamente cerca del PJ ortodoxo. No controlaba el partido y su forma de subestimarlo era, justamente, sobreactuar sus recelos.
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Por entonces, como presidente apenas naciente, el patagónico autorizó la gestación de grupos y grupejos que, invocando su nombre, se lanzaron por las provincias -o eso dijeron-con la tan pretenciosa como improbable idea de alumbrar un partido kirchnerista.
Esa aventura, fascinación de aventureros, derivó en el Grupo Michelángelo, la Confluencia Argentina y, más cerca en el tiempo, en Compromiso K, por citar a los sellos más conocidos. A éstos hay que sumar otra tribu: la Corriente Peronista Federal (CPF).
Con el tiempo, y su acercamiento al PJ hasta convertirse, sin urnas de por medio, en jefe del PJ, desatendió esos armados y quedaron en el olvido. El único club que, diezmado, todavía sobrevive es Compromiso-K, que alguna vez patrocinóCarlos Zannini.
Pero la historia está condenada a repetirse. O eso parece: esta tarde, en la sede del PJ nacional, sobre la calle Matheu, un grupo de dirigentes le conectará la respiración artificial a la Corriente Peronista Federal para que, como antes, vuelva a caminar.
Local prestado
Tiene, se descuenta, el OK de Kirchner, quien, por lo pronto, les prestó el local partidario para que se presenten -o representen-en sociedad como línea interna peronista, puramente kirchnerista, y con reservas respecto de lo que llaman despreciativamente pejotismo.
De arranque, la lista de convocados es vasta y variada: encabeza Luis Ilarregui, gestor en la temporada anterior de la CPF, y aparecen, después, Juan Manuel Irrazábal ( Misiones), Hugo «Turi» Perié (Corrientes), el chaqueño José Mongeló y el mendocino «Fredy» Fernández.
También, Raúl Solanás de Entre Ríos, Stella Maris Córdoba (Tucumán), el porteño Carlos Vilas, el rionegrino Osvaldo Nemirovsci, Rosana Bertone, el catamarqueno Hernán Colombo, Rubén Daza (Jujuy) y Gustavo Marconatto, quien acaba de quedar como jefe de la Comisión de Presupuesto.
Al chubutense Eduardo De Bernardi, Susana Llambí (Neuquén) y el sanjuanino Ruperto Godoy hay que sumar además a Liliana Korenfeld: la dama, asumida en Diputados en diciembre último, viene de Santa Cruz y encarna, al menos en el imaginario legislativo, al pingüinismo puro.
Entre la ristra de armadores, muchos diputados, otros ex, varios funcionarios, la CPF se da el lujo de mostrar un puntano: Héctor Torino, como para dar a entender que en esa provincia no todo es Rodríguez Saá.
Orígenes
Se trata, en muchos casos, de kirchneristas de la primera hora o, incluso, kirchneristas de cuando ni siquiera existía ese gentilicio político. A solas, con amigos desperdigados, Kirchner recorría pueblos y ciudades, que tenían algo en común: por ahí siempre había una cámara de Crónica TV.
«En este momento difícil, queremos reforzar nuestra pertenencia kirchnerista y nuestro apoyo al proyecto nacional que inició Néstor Kirchner y continúa Cristina Fernández», dirán, a coro, los cepefistas. En su idioma, mal momento debe traducirse, al léxico de la gente de a pie, como horas desesperadas.
Expondrán, además, que los motiva «la necesidad de reforzar el debate ideológico y político, la organización federal del peronismo, el apoyo al gobierno y la gestión de la Presidente de la Nación Cristina de Kirchner y a la conducción política de Néstor Kirchner».
Pero, en el sentido literal, serán una línea interna que en poco tiempo se lanzará a pelear el PJ de Misiones vía Irrazábal y que apoyará a Alberto Balestrini en Buenos Aires. Además, como muchos de sus armadores están de punto con sus gobernadores, funcionará como colectora peronista.
De regreso, la Corriente -ese nombre tuvo el primer sello político de Kirchner, del que participó Alberto Fernández-sale a carretear. El vuelo anterior fue breve. Para esta nueva remontada, ¿ miraron el pronóstico?
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