5 de diciembre 2003 - 00:00

Pánico sindical por fondos

Néstor Kirchner puso en acto anoche el infierno más temido por los sindicalistas. Los intimó a encuadrarse detrás de su gobierno so pena de sacarles el manejo de los fondos de las obras sociales que iría, según un proyecto oficial, a un sistema de débito automático en la AFIP y en beneficio de los prestadores de salud (clínicas, etcétera). El gobierno pide a cambio de no tocarles la caja una acelerada unidad y ayuda para disputarle la calle al piqueterismo. La idea seduce en el oficialismo por el esmeril sobre la ladeada columna vertebral del peronismo. Alegra también a la izquierda, que sueña con coparle las organizaciones a un sistema que desplazó desde control sindical hace 70 años, cuando advino al poder el peronismo.

Néstor Kirchner empleó el mejor llamador para sentar a «los gordos» sindicales y jugarlos en la mesa que intenta pacificar la calle: les puso enfrente un proyecto oficial que si llega ser puesto en práctica les sacaría el manejo del dinero de las obras sociales. Se trata de una iniciativa del Ministerio de Salud, en línea con reformas que piden hace años el sentido común y algunos organismos como el Banco Mundial: que el dinero que recauda de trabajadores y empresas la AFIP vaya directamente a los prestadores de salud de las obras sociales sin pasar por las manos de los gremialistas. La opacidad en el manejo de esos dineros públicos por parte de los jerarcas hace presumir que es el origen de la caja que les da poder y continuidad casi vitalicia en los cargos.

• Reclamo

El nuevo sistema, si prospera, crearía una suerte de débito automático (siempre la tarjeta de plástico...) de los prestadores directamente en las cuentas de la AFIP imputadas a las obras sociales para cobrarse las cuentas pendientes. «Los gordos» se apuraron en las últimas horas a parlamentar unidos con el propio presidente. Anoche Néstor Kirchner recibió al grupo que integran Hugo Moyano, Juan Manuel Palacios, Juan José Zamora, Omar Viviani, Vicente Mastrocola, Manuel Pedrera, Diógenes Zalazar, Carlos Etcheún, Horacio Ghillini y Vicente Alvarez. Representantes de las dos CGT que hay. Los acompañó el ministro Ginés González García.

Unas 24 horas antes había pasado por el mismo despacho el debutante Rodolfo Daer, que reaccionó con el mismo rostro que anoche del grupo moyanista: ¿cómo se atreve el gobierno a meterles la mano en el bolsillo, algo que no se animó el poderoso Menem? El Presidente les responde que no puede ser que la columna vertebral esté ausente de las calles invadidas por el piqueterismo. «Necesito que salgan a contener la protesta.»

Para los sindicalistas es música celestial pero reclaman que les devuelvan alguna facultad de control de fondos, ya que fue el gobierno quien ayudó a que los revoltosos les ganaran la calle.

No escucha el Presidente argumento alguno y aplica el frío de su método: si no lo hacen viene el débito automático para las obras sociales. «No puede haber débito automático porque tampoco hay pago automático de los empresarios a la AFIP», se quejan.

• Argumento

Ya van a ver cómo se vuelve todo automático si no se juntan y no le dan una mano al gobierno en pacificar la calle que amenaza con sangre el 20 de diciembre, es el argumento oficial. Le respuesta de «los gordos» de todas las bandas fue inmediata, juntaron las dos cúpulas el miércoles por la noche para prometerle al gobierno unidad sindical para marzo.

Se reunían anoche en el gremio de Sanidad los dirigentes sindicales de la CGT: trataban el pedido de Kirchner de que este cuerpo se unifique con la rama disidente que encabeza el camionero Moyano. Hasta ahora, por lo que se sabe, hay varios gremialistas comprometidos con el Presidente en apresurar la unidad para marzo del año próximo, pero ahora falta que convenzan al resto de «los gordos» que no se mostraban demasiado interesados en cerrar un trato con Moyano. A su vez, como se sabe, éste se dispone a acompañar la prisa ya que por el momento -y por las gracias que le ha concedido el mandatario en materia sindical- es hombre funcional a los intereses del gobierno.

Aunque hay discrepancias, quienes se entrevistaron con Kirchner (Gerardo Martínez, Eduardo Zanola, Oscar Lescano, Reynaldo Hermoso) son los más propensos a completar la unidad y designar un nuevo secretariado de la CGT para marzo. Les resta convencer a personajes como el dueño de casa en la ocasión, Carlos West Ocampo, y otra hilera que lo sigue. No estaba clara la posición de Armando Cavalieri y se suponía que Luis Barrionuevo también adscribiría a la necesidad de unificar personería en una sola CGT, aunque en las últimas horas estuvo distraído por su comparencia ante el juez Bergés por los disturbios en el fútbol.

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