¿Qué significa, en este contexto, el ascenso de Benedicto XVI para el gobierno de la Argentina? En principio, la persistencia del distanciamiento. Esto se debe a que el cardenal Joseph Ratzinger formó parte activa del mismo grupo que secundó a Juan Pablo II en la administración de la Iglesia durante las últimas décadas. Sólo que, en vez de estar abocado a cuestiones de gobierno, le tocó aportar a ese pontificado el trazo fuerte de una visión teológica ortodoxa o conservadora, como se prefiera denominar al magisterio ejercido desde la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Esta solidaridad de Ratzinger con su antecesor podría más allá de una simple simpatía o afinidad ideológica. Muchos observadores calificados suponían ayer, en Roma, que Karol Wojtyla tuvo el talento político suficiente como para gestar a su sucesor de manera muy min u c i o s a . Quienes miran así el cuadro señalan lo siguiente: los dos candidatos con más posibilidades a sentarse en la silla de San Pedro después de la muerte del polaco, Ratzinger y S o d a n o , cuentan con 78 años. Es decir, no fueron desplazados de sus cargos, a pesar de haber cumplido la edad jubilatoria, por una decisión deliberada de Juan Pablo II. Es imposible, por lo menos en esta instancia, conocer cómo circularon las corrientes de opinión y de preferencia dentro del cónclave. Pero hay quienes no descartan que esos dos « herederos» hayan reunido sus votos en la segunda votación estructurada del colegio cardenalicio. Si las versiones anteriores a la constitución del cónclave eran ciertas, Ratzinger ingresó a la Capilla Sixtina con 45 o 50 votos y Sodano con 20 o 30. Entre ambos podrían haber constituido una mayoría rápida que encarrilaría al nuevo gobierno en la orientación del anterior.
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