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15 de marzo 2002 - 00:00

Piqueteros: fenómeno sólo de pobres y también clientelismo

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No obstante, como dice la psicología, no es sólo la causa la que hace el fenómeno. ¿Por qué en otros países sudamericanos, donde la pobreza y el impacto del desempleo son mayores, no hay piqueteros? O, sin ir más lejos, ¿por qué en el Gran Rosario, con la situación social más explosiva del país, éste es un fenómeno menor en comparación con el Gran Buenos Aires?

Es que, en realidad, el fenómeno de los piqueteros se explica no sólo por el desempleo sino también por el clientelismo, por los errores de la política social y por su utilización política. Podemos decir que los piqueteros son, en cierta medida, un subproducto de las malas prácticas de la política que terminó desbordando a sus creadores.

La relación de los piqueteros con los planes Trabajar y otros subsidios surge por lo menos con los sucesos de Cutral Có (y luego en Tartagal) entre mayo y junio de 1997; tras la protesta y un corte de ruta que se prolongó por un mes, el gobierno les ofrece dichos planes para desmovilizarlos.

A partir de ese mismo año, varios grupos de piqueteros surgen en la zona sur del Gran Buenos Aires, repitiendo la misma práctica: cortes de rutas que se levantan tras la negociación de planes Trabajar.

La gran expansión del fenómeno se produce en tiempos de la administración De la Rúa. Con el doble objetivo de afectar la estructura clientelista en la provincia de Buenos Aires y limitar el crecimiento de pequeños grupos de piqueteros en el conurbano, el Ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Graciela Fernández Meijide, introduce una modificación en la distribución de los planes en general, en manos de los municipios, proponiendo que éstos sólo sean asignados a ONG que se responsabilizaran de su ejecución. Pero, en lugar de contener la práctica piquetera, esto la institucionaliza y la potencia: las organizaciones de desocupados crean sus propias ONG, ofician de coordinadoras de los peque-ños grupos que surgen en los barrios más pobres del GBA y se convierten en movimientos sociales organizados con mayor poder de presión, una administración económica propia y una práctica sistemática de piquetes y cortes de ruta para mantenerla.

Hasta aquí, el fenómeno de los piqueteros es la punta del iceberg del clientelismo y los despropósitos de la política social en la Ar



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