27 de agosto 2003 - 00:00

Poco serio II

¿A quién se le habrá ocurrido separar un ballottage en la enormidad de tiempo de 21 días? En Francia, país que inventó el sistema, la segunda vuelta se realiza a la semana. Aquí, los candidatos tendrán que fatigar 21 días y no tiene sentido porque de lo que se trata es de dar mayor representatividad al ganador dentro de la democracia cuando no se excluye a nadie que quiera postularse.

La primera vuelta decanta. Para la segunda, sólo se trata de darles una oportunidad a los que no optaron por los dos mayoritarios de la primera, pero nada más. No se trataría de «convencerlos» porque se supone que ya escucharon todas las propuestas al votar en los primeros comicios y sabrán para los segundos cuál se acerca más a su criterio.

En una Argentina tradicionalmente pícara, una segunda vuelta tan distante de la primera servirá para maniobras, juegos de influencias, anuncios o hechos demagógicos. Más aquí donde la investidura presidencial se puso innecesariamente en riesgo de imagen por adherir exclusivamente a uno de los postulantes.

Además de la suciedad que se verá, el público se cansará de tanto proselitismo, sobre todo periodístico y televisivo. Si el domingo, uno de cada 3 habitantes de la

Ciudad no fue a votar, ¿cuántos menos irán si se los agobia de politización? Si permanecer en el country se dice que costó 120.000 votantes menos, ¿cuántos costará el 14 de setiembre a una semana de la primavera, cuando más benigno es el clima y las ganas de irse de la Ciudad?

En cuanto al agobio de la gente, pensemos que el 14 de setiembre, junto a la campaña de Macri e Ibarra para definir, se sumará la elección en la provincia de Buenos Aires. Aquí hubo 28 candidatos el domingo. En la provincia de Buenos Aires, más de 30.

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