El aviso, por intermedio de un ministro, llegó 48 horas antes del show: Néstor Kirchner le mandó a notificar a Eduardo Sigal que no cumpliría con su promesa de clausurar, con presencia, discurso y simbolismo, el plenario del Frente Grande que iba a sesionar, el sábado pasado, en la confitería Los Dos Chinos.
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El modo -un desapasionado, casi protocolar, llamado de la Casa Rosada- fue irrelevante ante el hecho: la cumbre del FG se proyectaba como mucho más que una cita del partido que alguna vez creó Chacho Alvarez, sino como un mano a mano, entre Kirchner y el colectivo «progre» del kirchnerismo.
Ese plenario despuntaba como el primer acto del ex presidente con los sectores de la gauche K, luego de su desembarco en el PJ y su cada vez más afinada sintonía con el caudillaje peronista y gremial. Detalle: la semana en que volteó el acto con la progresía, Kirchner se mostró dos veces con Hugo Moyano.
No es el primer desplante: en octubre, la cofradía no PJ anunció un show para el 18 de noviembre en el Luna Park con el patagónico en el palco. Pero también lo canceló. ¿Motivo?: no «agitar» en plena discusión por las AFJP. Sin embargo, el lunes pasado se abrazó al jefe de la CGT en San Vicente.
Hay más. Una de las tribus piqueteras que anima la gauche K es el Movimiento Evita de Emilio Pérsico que con la entronización de Kirchner en el PJ decidió, en mayo pasado, regresar al partido. Siete meses después, en el diseño del peronismo de Buenos Aires, el M-E quedó excluido.
«Sólo con el PJ, Kirchner se va a suicidar», se animó, rabioso, a pronosticar Pérsico que, además, enfrenta sacudones domésticos: Fernando «Chino» Navarro, su lugarteniente, encabezó una rebeldía que le factura al ex funcionario de Felipe Solá la decisión de volver al partido.
Otro dato que abona la discordia. Los Libres del Sur, encabezados por Humberto Tumini y Jorge Ceballos, desoyen los mandos de la Casa Rosada -no movilizaron, por caso, a las plazas del Sí cristinista-, se ejercitan en la crítica a Daniel Scioli y se sacaron de encima el mote de kirchneristas.
Esa rebeldía, que llevó a Ceballos a lanzar su candidatura por fuera del FpV con un vendaval de maldiciones a los caciques del PJ que escoltan a Kirchner, y a proyectar un frente electoral por fuera del oficialismo, no mereció sanciones políticas contra los LDS. Eso incentiva las imitaciones.
«Nosotros somos leales, hacemos lo que nos piden, defendemos hasta lo indefendible, y nos dejan pagando a cada rato. Ellos dicen lo que quieren, mantienen su autonomía, y siguen cobrando del gobierno», se lamentó, con algo de envidia por los LDS, uno de los comandantes de la gauche K.
Al punto que la progresía K comenzó a revisar sus planes y a imaginar, para 2009, una alternativa disidente: retomar las charlas con Martín Sabbatella y la CTA, que a través de Hugo Yasky ya anticipó su apoyo a una candidatura el año próximo del alcalde de Morón, para confluir en un frente electoral común.
A esta altura, con la sangre hirviendo, la cúpula de la gauche K sólo entrevé un movimiento, por ahora desactivado, que podría frenar su insubordinación: que Kirchner, en las legislativasdel año que viene, encabece la lista de diputados nacionales del Frente para la Victoria en Buenos Aires.
«¿Vamos a hacer todos los deberes y después tener que apoyar una lista que postula a Massa o a Randazzo? ¿Y además terminar compartiendo lista con los dirigentes del pejotismo que queremos combatir? ¿Eso es lo que nos propone Kirchner? Desde ya, le decimos que no», avisan secretamente.
En las últimas semanas, sin embargo, el patagónico abrió la quinta de Olivos para recibir a Pérsico y Edgardo Depetri, del Frente Transversal, a Sigal del FG y a Oscar González y Ariel Basteiro, del socialismo bonaerense sin sello porque el partido lo intervino el PS nacional que controla Rubén Giustiniani.
Pero más allá de promesas al atardecer -que el tiempo se encargó de deslegitimar: dijo, por caso, que iría al acto del Luna Park que luego pidió suspender-, el feeling entre Kirchner y la patrulla progre K está plagado de cortocircuitos. Al menos, sufren en la gauche K, no hay gestos del ex presidente.
Todo, se lamentan, se pejotizó: Kirchner reforzó como nunca antes su cercanía con gobernadores e intendentes del PJ y, aun con tensiones, se encarga de exponer su preferencia por Moyano como socio esencial del gobierno. Lo invitó a San Vicente, en el Día del Militante, y viajó a Necochea a aplaudir su reelección como jefe camionero.
En los próximos días, la cúpula progre que reúne a Sigal, Pérsico, Depetri, Oscar Laborde y Gustavo Cardeza, entre otros, proyectará una cumbre cerrada para discutir sus siguientes pasos. En esa mesa, el diputado nacional Depetri tendrá que hacer malabares para revertir el enojo con Kirchner.
El dirigente de la CTA, conocido del ex presidente de Santa Cruz -Depetri estuvo en Río Turbio con ATE y Kirchner lo asesoró como abogado, donde construyeron una amistad y sociedad política que perdura-, es la única voz, en estos días, que trata de apaciguar la revuelta de los progres K.
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