2 de octubre 2001 - 00:00

Primero, los misiles; más tarde, la guerra secreta

Estados Unidos siguió ayer acumulando fuerzas para su anunciado ataque a Afganistán, previsto para las próximas horas. El presidente George W. Bush dijo anoche que todo está listo ya para la operación militar; afirmó: «Nuestros soldados nos harán sentir orgullosos», y aseguró que ni siquiera la amenaza de un gran atentado con armas químicas o bacteriológicas logrará disuadirlo. De acuerdo con fuentes del Pentágono, los ataques no serían masivos para evitar afectar a la población civil y, así, permitir a la Casa Blanca seguir disfrutando de consenso internacional en su guerra contra el terrorismo.

Durante las noches del último fin de semana, los cielos de las bases de la fuerza aérea británica en Suffolk y en Gloucestershire sintieron el profundo sonido de transportadores gigantes cargando armas para la guerra que está por comenzar. Los Hércules C130 y los Starlifters C141 movían los misiles crucero y las bombas guiadas por satélites en el mayor movimiento de aeronaves y municiones de los Estados Unidos y Gran Bretaña desde la Guerra del Golfo. Ayer, el USS Kitty Hawk dejó la base naval de Yokusara en Japón para unirse a otros cuatro portaaviones ya posicionados.

La planificación para la guerra de Occidente contra el terrorismo está ahora completa y todas las indicaciones provenientes desde Londres y Washington son de que es sólo cuestión de días para que el primer ataque tenga lugar en la que será una larga y amarga guerra de desgaste.

Cada vez más parece que la operación será en dos fases, un ataque inicial de las fuerzas especiales con bombas y misiles a las tropas del régimen talibán y a la red Al-Qaeda de Osama bin Laden. Luego, después de una pausa, habrá un conflicto más amplio en el que intervendrán los servicios secretos, las fuerzas especiales y el poderío aéreo desde tierra y mar.

La razón detrás de la avanzada en dos fases es asegurar que las fuerzas talibanes tengan un «desincentivo» para ayudar a Al-Qaeda cuando comiencen los ataques a sus bases. Neutralizar a los talibanes también servirá de gran ayuda a la Alianza del Norte, que Occidente está ahora apoyando, pero con grandes dudas acerca de sus capacidades militares y políticas. La Alianza está por recibir más armas rusas e iraníes, pero no lo suficientemente pronto, se cree, como para tener algún efecto definitorio en el inmediato curso de acción de la guerra civil.

Se espera que los vehículos blindados y las aeronaves de los talibanes sean los primeros objetivos. Sus vehículos consisten en algunos tanques soviéticos abandonados y capturados. También tienen cerca de 130 lanzadores de cohetes múltiples -de las fuerzas de Stalin- y cerca de 20 misiles tierra aire Scud y Frog.

Pero también hay otras razones por las que un ataque rápido y corto a los talibanes es la mejor opción. Estar del lado del que recibe un ataque de Occidente, permitirá que el Mulla Omar y la camarilla que dicta las reglas «se retracten públicamente» acerca de la negativa de entregar a Bin Laden. El tiempo necesario para armar la segunda fase de la operación será descripto como el tiempo que ellos tendrán para entregarlo, o sufrir las consecuencias.

• Desestabilización

Los bombardeos serán acompañados por una «campaña a los corazones y a las mentes» para además desestabilizar al régimen talibán. Panfletos serán arrojados sobre el territorio y las transmisiones de la radio talibán obstruidas. Además, las áreas que estén bajo control de la Alianza del Norte recibirán gran cantidad de comida.

Los misiles jugarán un rol importante en el ataque, y todos los grupos de combate estadounidense tienen aeronaves capaces de lanzar misiles Tomahawk. La contribución británica vendrá principalmente de dos submarinos nucleares.

La campaña terrestre es un poco más complicada. A pesar de que los estadounidenses demandaron, y recibieron, el apoyo del general
Pervez Musharraf para recibir sus fuerzas en Pakistán, existe un profundo temor de que volver a ese país el centro de la operación haría saltar sus problemas políticos internos. Las ex soviéticas repúblicas de Asia central Uzbekistán, Tajikistán y Turkmenistán, y en menor medida, Kazajstán son otras alternativas viables.

Durante la última jornada, los jefes de seguridad de esas repúblicas y el director del servicio de seguridad interior, ruso FSB, se encontraron para discutir la crisis. A pesar de que se cree que ellos están ampliamente a favor de los ataques a los talibanes, es incierta su posición respecto de lo que ocurrirá después.

Este es el problema de la segunda fase de la campaña. Aún queda poco claro si el blanco seguirá siendo Afganistán, como quiere el secretario de Estado
Colin Powell, o si será una cruzada más amplia contra Saddam Hussein en Irak y Kadhafi en Libia como pretende el secretario de Defensa Paul Wolfowitz y por el influyente asesor del Pentágono, Richard Perle. Si la segunda tesis se impone, la Operación Libertad Duradera podría hundirse en una muy desordenada, sangrienta y larga guerra.

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