Si bien no visitó nunca la Argentina, el Papa Benedicto XVI cuenta con canales privilegiados de información acerca del país. Un obispo que preside la Academia de Ciencias Pontificia, otro prelado que dirige la política doméstica del Vaticano, un cardenal que lo asesoró en sus críticas a la Teología de la Liberación, un arzobispo con el que mantiene correspondencia sobre música y liturgia, un teólogo experto en el pensamiento alemán y un juez de la Corte son los argentinos que mantuvieron informado a Joseph Ratzinger hasta ahora sobre los avatares de la vida nacional. Respecto de las últimas polémicas, sobre todo la referida al caso del obispo castrense Antonio Baseotto, el nuevo Pontífice seguirá en el surco de su antecesor.
El obispo argentino monseñor Marcelo Sánchez Sorondo aparece en la imagen junto al actual Papa Benedicto XVI, cuando era cardenal Joseph Ratzinger. Fue el año pasado en una celebración en la Basílica de San Pedro.
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Si se quiere mirar el nuevo pontificado desde la lógica doméstica, Benedicto XVI produjo ayer un par de designaciones con significación para el país. Ratificó al cardenal Angelo Sodano como secretario de Estado, es decir, como el encargado de la administración política de la Santa Sede. Esto hace presumir que el arzobispo argentino Leonardo Sandri seguirá desempeñándose como secretario sustituto. Sodano y Sandri fueron los responsables de conducir la política de la Curia frente al desplazamiento del obispo castrense Antonio Baseotto por parte de Néstor Kirchner, en la polémica desatada alrededor de la distribución de anticonceptivos por parte del ministro de Salud, Ginés González García.
Es bastante lógico, entonces, que la postura del Vaticano respecto del reemplazo de Baseotto, que Sandri ya calificó de «ilegal», se mantenga en los mismos términos. No es el mejor augurio para el viaje de Néstor Kirchner al Vaticano para la asunción del nuevo Papa.
Si bien el nuevo Papa nunca estuvo en la Argentina, sí tiene amigos y allegados capaces de aproximarle una imagen detallada y actual de la vida nacional. Uno es, precisamente, Sandri, quien mantuvo con él en los últimos años contacto permanente por pertenecer al mismo «equipo» con el que Juan Pablo II lideró la Iglesia. Pero no es el único argentino cercano al nuevo Papa. También el obispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de Ciencias Vaticana convivió con Benedicto XVI a lo largo de los últimos años.
Sánchez Sorondo preside ese instituto que es la principal ventana de la Iglesia al mundo científico. La Academia fue establecida en 1603, tiene sede en Roma y está integrada por 80 intelectuales de los cuales 35 son premios Nobel. En noviembre de 2000, Juan Pablo II designó al entonces cardenal Ratzinger como integrante de la Academia. En aquella ocasión el teólogo alemán participó de una sesión sobre «Los valores culturales de la ciencia», en compañía del hermeneuta francés Paul Ricoeur. Como académico, el nuevo Papa trabó amistad con numerosos hombres de ciencia, colegas suyos en esa institución. Algunos, como el biólogo molecular y premio Nobel alemán Günter Blobel se alborozaron con su elección y lo hicieron saber inmediatamente a los demás integrantes de la Academia. Blobel, por ejemplo, se acercó más al teólogo Ratzinger cuando éste lo ayudó a reconstruir una antigua iglesia de la ciudad de Lypsia, a lo que el biólogo aplicó parte de los recursos obtenidos con el Nobel.
Benedicto XVI participó muy activamente, al lado del argentino Sánchez Sorondo, de la última sesión especial de la Academia, que se celebró en Montecassino en noviembre último. Ambos concelebraron misa y el ahora Papa dirigió una homilía a todos los científicos presentes allí.
La condición de académico de este Pontífice replica un caso anterior. Pío XI había designado en la misma Academia al cardenal Eugenio Pacelli, quien devino más tarde Pio XII. Como Ratzinger, también Pacelli disfrutaba del intercambio con científicos. A tal punto que Max Planck lo puso al tanto de los avances en el estudio de la fusión nuclear y de las derivacionesprácticas que podría tenerese hallazgo, entre ellas la construcción de una bomba atómica. Sobre la base de esos informes Pio XII realizó después su denuncia sobre esta arma. Curiosas constantes: Benedicto XV, el anterior Papa que quiso inspirar su pontificado en San Benito (patrono de Europa), se dedicó al fortalecimiento de la Academia y fue el primer jefe de la Iglesia en dirigirse a ella oficialmente para hablar de la paz mundial, un año antes de la Primera Guerra.
Si el entramado académico acercó a Ratzinger con el argentino Sánchez Sorondo, las preocupaciones estrictamente teológicas lo vincularon, mucho tiempo antes, con otro compatriota, el cardenal Jorge Mejía. El vínculo entre ambos se constituyó cuando Mejía era el consultor teológico más calificado del Celam (Consejo Episcopal Latinoamericano). Eran los tiempos en que esa asamblea de obispos la presidía el cardenal Alfonso López Trujillo. Sigue el tejido de vinculaciones: López Trujillo es identificado hoy como el cardenal que organizó la mayoría de alrededor de 90 votos que consagraron a Ratzinger como nuevo Papa (su «jefe de campaña» diría un político). En su calidad de presidente del Pontificio Consejo para la Familia, fue el encargado de respaldar públicamente a Baseotto en sus posturas contra los anticonceptivos y el aborto.
Desde su gabinete de asesor de López Trujillo, el argentino Mejía se acercó a Ratzinger a comienzo de los '80 y fue el inspirador de las condenas de este teólogo a la Teología de la Liberación, que se profesaron desde la Congregación para la Doctrina de la Fe. Mejía es cardenal, vive en Roma, pero está retirado por razones de edad.
Como teólogo y profesor, el nuevo Papa tiene seguidores y estudiosos que se han consagrado a su obra intelectual en la Argentina. Expertos en el pensamiento teológico alemán como monseñor Ricardo Ferrara, por ejemplo. Pero también mantiene una relación estrecha con algunos prelados por otra de sus pasiones, la música. El arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, ha mantenido una correspondencia frecuente con el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe acerca de la música religiosa y la liturgia. Preocupacionesque se extendieron a otras cuestiones estéticas, que hicieron famoso a Ratzinger a raíz de su disgusto por el rock. Aguer, hay que recordarlo, es el obispo con el que polemizó Kirchner cuando se le hizo notar que había niveles de pobreza inquietantes en la Argentina. Lo acusó de no haber visto nunca un pobre y de haber salido de fiador del ex banquero Francisco Trusso, preso en La Plata (todo el mundo sabe que Trusso consiguió esa prerrogativa en Roma). Un detalle, Aguer se comunica con el nuevo Papa en alemán.
La inesperadamente extensa lista de conexiones entre Joseph Ratzinger y los argentinos se extiende a algunos laicos y vuelve a plantear interrogantes políticos. Es el caso de Antonio Boggiano, el ministro de la Corte a quien el Congreso sometió a juicio político (ayer se leyó la acusación en el Senado). Boggiano está en Roma y tiene en su bolsillo, como recuerdo, una carta que le dirigió Ratzinger hace un par de años, elogiando su comportamiento como católico en la Corte. No vaya a ser que Kirchner también deba dar explicaciones por su desplazamiento cuando visite el Vaticano, si es que se entrevista con alguno de los encargados de llevar adelante la relación con la Argentina. Sí podrá cruzarse con otros argentinos que concurrirán a esa coronación.
Mauricio Macri, por ejemplo, quien ayer consiguió a través del decisivo Esteban Caselli un lugar en Plaza San Pedro para asistir a los fastos pontificios.
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