Néstor Kirchner deberá intervenir, en persona, para evitar que se agudice el toreo entre sectores del PJ. Por eso, esta tarde lo esperan en La Plata para mostrarse con Julio Pereyra y Alberto Descalzo, jefes de la FAM, uno de los grupos en aprestos belicosos. Todos juntos se quejarán de Mauricio Macri por aumentar los peajes a los accesos a la Capital desde el conurbano.
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Todo se desató el jueves pasado cuando el ex presidente recibió en Olivos a cinco alcaldes del conurbano sur, llevados de la mano por el ministro del Interior, Florencio Randazzo. Una reunión «chiquita»: sólo un puñado de intendentes, sin aviso ni invitación a otros.
Esa cumbre, sobre la que Baldomero « Cacho» Alvarez, de Avellaneda, quiere montarse para posicionarse como jefe de la Tercera, tuvo un efecto veloz: Julio Pereyra, alcalde de Varela y jefe de la FAM, renunció al Concosur, tribu que nuclea a los distritos del conurbano sur.
Pereyra renunció con argumentos puntuales, pero la esencia es que los cinco intendentes que estuvieron en Olivos con Kirchner integran ese consorcio y él no fue invitado al encuentro. Es más: se enteró casi cuando atravesaban la puerta de la quinta presidencial.
De fondo, el torneo es entre Pereyra y Randazzo, que llevó a Olivos a Alvarez, Darío Giustozzi (Brown), Francisco «Barba»
Gutiérrez (Quilmes), Darío Díaz Pérez (Lanús) y Jorge Rossi (Lomas).
Es una mixtura curiosa, por el origen de cada uno, pero aporta un dato sólido e inevitable: son los distritos, sin contar Matanza, más poderosos y con más votos de la región.
Con ese ruido de fondo, en la FAM esperan que Kirchner los acompañe hoy en la inauguración de las oficinas de ese club en La Plata. De algún modo, luego de la reacción de Pereyra, el patagónico quiere compensar y mostrarse con el dirigente de Florencio Varela.
Un típico juego de compensaciones entre dos laderos: Pereyra, uno de los primeros que abandonó el duhaldismo para sumarse a Kirchner, y Randazzo, hoy ministro e ideólogo del enfrentamiento con Eduardo Duhalde en los tiempos de Felipe Solá.
Aparece, además, la pulseada por el diseño de la lista de consejeros para la interna del PJ programada para el 30 de noviembre. En ese territorio, Alvarez quiere un lugar en la lista -son cuatro- y, para eso, pretende desplazar a Aníbal Fernández.
Ese objetivo lo hace compinche de Gutiérrez, que no quiere al ministro de Justicia un escalón más arriba que él, y hay intereses concurrentes también con Randazzo. Disputas y recelos de vieja data, siempre vigentes, en el armado del peronismo de Buenos Aires.
Oscilación
Pereyra empuja, en tanto, para ubicar a Juan José Mussi en la boleta y, además, para quedarse con una consejera de la rama femenina. Entre uno y otro oscila Alberto Balestrini, que les atribuye a Pereyra y Mussi haber operado para que el matancero no sea jefe del PJ bonaerense. Por lo pronto, como indicación general, Kirchner les avisó a sus visitantes de la semana pasada que el armado en cada distrito operará en torno de los intendentes. Es decir: la lista local del PJ la manejará el jefe comunal, aunque, claro, el último peine a las listas seccionales se lo hará el propio Kirchner o alguno de sus delegados, como hacía Eduardo Duhalde.
«Los intendentes ganaron en 2007 y hay que hacer valer eso», les dijo Kirchner, el jueves, a los alcaldes que pasaron por Olivos.
Hoy, para sobrevolar ese conflicto, el ex presidente se subirá a la queja de los jefes comunales contra la suba de tarifas dispuesta por Mauricio Macri y que consideran «un impuesto al ingreso». Afecta, claro, a los bonaerenses que trabajan en la Capital.
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