El presidente de la junta que investiga accidentes aeronáuticos
fue relevado a raíz de una denuncia sobre irregularidades
vinculadas al siniestro del avión de LAPA (foto) ocurrido
en agosto de 1999.
La crisis en el alto mando de la Fuerza Aérea por las denuncias en una publicación del director de cine Enrique Piñeyro y las repercusiones del documental «Fuerza Aérea Sociedad Anónima» se cobraron la primera baja: fue relevado el presidente de la Junta de Investigación de Accidentes de la Aviación Civil (JIAAC), brigadier retirado Héctor Cid. Aún no se dio a conocer el nombre del sucesor. En el documental se enrostra a Cid presuntas irregularidades respecto de documentación que obra en el juicio por el accidente del avión de LAPA, eje de la primera película de ficción de Piñeyro, «Whisky Romeo Zulú».
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Eduardo Schiaffino, titular del arma, llega a esta decisión luego de una serie de presiones de distinto tenor. Por un lado, los propios brigadieres de su Estado Mayor insisten en dar respuestas concretas a la sociedad; por otro, las repercusiones de la exhibición del film (más de 21.000 espectadores en 17 salas) y se sumó el clima de hielo en la relación de Schiaffino con la ministra Nilda Garré, quien quedó a merced de la oposición en un flanco sensible: la inseguridad aeronáutica.
El jueves de la semana pasada, Schiaffino reunió por la tarde a la totalidad de los brigadieres -excepto el brigadier Eduardo Alvarez, director de la Escuela de Aviación- para analizar el curso a seguir en varios temas colaterales luego del anuncio del gobierno del pasaje a órbita civil de las funciones del Comando de Regiones Aéreas. Ganó espacio en el comité de crisis, el debate sobre entablar o no un juicio contra el director Piñeyro por el calificativo del título del documental que resultaría injuriante a la fuerza.
Se reclamó a Schiaffino salir del mutismo y enfrentar con la comunicación institucional la marea de críticas. Pero hay inconvenientes, el secretario general de la fuerza, brigadier Horacio Bosich -hombre de confianza de Schiaffino- no reuniría condiciones para dar pelea habida cuenta de un proceso abierto en el juzgado federal de Daniel Rafecas por presuntas irregularidades con cuentas bancarias no declaradas. ¿Habrá una instrucción precisa de Garré para no incidir en la marcha de la Justicia como aquella que dio al jefe naval Jorge Godoy en el caso del espionaje de Trelew? A esa altura y como manda la más simple estrategia del ajedrez, se decidió sacrificar una pieza (en retiro) mientras se meditan jugadas posteriores: el titular de la Junta de Investigaciones ya era historia.
Héctor Cid, de él se trata, fue designado al frente de la JIAAC el 1 de setiembre de 2000. Llegó a ese cargo luego de haber sido comandante de Regiones Aéreas, en 1993. Fue piloto de aviones militares de transporte. Durante el conflicto de Malvinas, se desempeñó como tripulante del sistema de armas del Boeing 707.
La junta depende administrativamente del Comando de Regiones Aéreas, cuyo titular es el brigadier Carlos Matiak. Y tiene por función esencial, entre otras, investigar los accidentes de aeronaves civiles con matrícula argentina o extranjera y recomendar a otros organismos (aeródromos, escuelas de pilotaje, empresas, etc.) acciones eficaces para prevenir accidentes. Fue creada el 12 de enero de 1954, por decreto del presidente de la Nación.
Carencias
Pero hay otra cuestión más seria dentro del parque aéreo de la fuerza: numerosos « incidentes» conocidos por Cid a través de comunicaciones informales entre aviadores militares que sugieren carencias en el mantenimiento. La palabra incidente designa una categoría menor de problemas en vuelo que debe quedar asentada en los libros de registro de cada aparato militar. Los «accidentes» en cambio abarcan muertes o daño estructural de la aeronave que siempre implican la intervención de la JIAAC cuando se trata de aparatos comerciales y privados. Los incidentes de aviones militares en la gestión de Schiaffino alarmaron a la ministra. El disparador fue el Lear Jet de la fuerza que cayó en Bolivia con el saldo de toda la tripulación fallecida y un juicio civil contra el Estado (la Fuerza Aérea) para resarcir a los familiares de las víctimas. La larga lista de incidentes revela entre otros, desde la plantada de dos motores de la misma ala (una falla poco frecuente) del Hércules C-130 que llevaba 35 operadores de radares móviles al Noroeste para el Operativo Pulqui, la retracción espontánea de una de las ruedas del tren de aterrizaje, en la pista de Paraná, de un Fokker F27, la ruptura del plexiglas de la cabina de un Hércules configurado para vuelos polares que había llevado a legisladores y jueces a la Antártida obligando al pasaje a pernoctar en la Base Marambio, la plantada de motor de otro Hércules con invitados a la ceremonia del Día de la Fuerza Aérea que debió regresar a Palomar, la plantada de los motores de un Guaraní que obstaculizó la pista del Aeroparque, hasta la falla en la turbina de un helicóptero Bell 212 que dejó en tierra a la ministra Nilda Garré y completó el traslado a Merlo por automóvil.
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