Con esa tesis no sólo se intentó preservar el equilibrio regional sino, además, dar satisfacción a las pretensiones de países como México, que también han mirado con expectativas esa posición internacional.
Sin embargo Duhalde y Ruckauf modificaron esa postura frente a Fernando Henrique Cardoso y a Celso Lafer cuando el presidente de Brasil y su canciller visitaron la Argentina hace pocas semanas (Cardoso se quedó a dormir en Olivos y fue el primer presidente en ejercicio que utilizó el chalet de huéspedes en el que antes habían sido alojados George Bush padre y el cantante Alberto Cortés).
No fue una casualidad que apareciera ese tema en la conversación. El gobierno de Brasil realizó una campaña prolongada y sistemática de carácter internacional para conseguir esa posición. El aval más importante que consiguió entre los miembros del Consejo de Seguridad fue el de Rusia, que lo expresó a través de una declaración conjunta de Vladimir Putin y Cardoso, que se firmó el 14 de enero pasado durante la visita que el brasileño realizó a Moscú. En contrapartida, Brasil apoyó el ingreso de Rusia en la Organización Mundial de Comercio.
La jugada de Brasil, que busca todavía el apoyo formal de otros integrantes permanentes del Consejo (Gran Bretaña, Francia y China) no despierta simpatías en los Estados Unidos. Al contrario: Washington se niega a avalar la pretensión porque significa no solamente inclinar la balanza ante uno de los pretendientes latinoamericanos del cargo; también implica sentar allí, con igual carácter de permanencia, a un gobierno que, de manera directa o subliminal, pretende desafiar el liderazgo continental de los Estados Unidos con una preeminencia sudamericana.
Sin embargo, lo que más inquieta al gobierno de George Bush Jr. es el padrinazgo ruso de la incorporación brasileña. Sobre todo desde que Brasilia resolvió abrir a la inversión de Rusia un par de proyectos estratégicos conjuntos que tienen sede en la fábrica de aviones y material espacial, Embraer.
Es posible que a Ruckauf, en su amateurismo, se le hayan enredado los dos o tres hilos que componen este juego internacional. Pero seguramente tendrá que advertirlo rápidamente, si es que sigue aspirando a envolverse en la bandera de los Estados Unidos sin contradicciones: es que para los intereses de Washington, se necesitarían varias visitas de Duhalde a Bogotá (ver nota en esta misma página) para compensar siquiera un poco la decisión adoptada al avalar impulsivamente la candidatura brasileña a sentarse de manera permanente en el Consejo de Seguridad.
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