2 de octubre 2001 - 00:00

Rumores de golpe en Kabul

Islamabad (AFP, EFE, Reuters) - La milicia islamista talibán dejó entrever ayer las primeras grietas en su seno, en medio de versiones de golpe por parte de sus elementos más moderados y de su decisión de compartir el poder en tres provincias del sudeste de Afganistán tradicionalmente moderadas e históricamente partidarias del ex rey Zahir Shah.

Los talibanes anunciaron sorpresivamente que habían integrado a «ancianos y yahidíes» en las instituciones de las provincias de Paktika, Paktia y Jost, a pesar de que ello contradice el propósito de alcanzar un estado islámico «puro», uno de los objetivos del régimen.

Estas tres provincias, fronterizas con Pakistán y de etnia pashtun (la principal del país), tienen fuertes vínculos con el ex rey Zahir, derrocado en 1973 por un golpe de Estado y desde entonces exiliado en Roma.

• Entrega

El acuerdo fue revelado por el dirigente talibán Rehmad Wahid Yar, citado por la agencia AIP, cercana al gobierno de Kabul. Junto con ello se conoció una versión que indica que los disidentes talibanes, moderados en relación con los principios estrictos del mullah Mohammed Omar, estarían planeando desplazarlo del poder y aceptarían entregar al multimillonario Osama bin Laden -principal sospechoso de los atentados del 11 de setiembre-, según informó el diario paquistaní «The News».

La acción estaría comandada por el antiguo líder guerrillero Ismail Jan, un talibán ex combatiente en la guerra contra la ocupación soviética y en la actualidad apartado de Omar.

Para ello, Jan contaría con apoyo de unidades de comandos estadounidenses, que, de acuerdo con informaciones no confirmadas citadas por el periódico, «ya se han hecho con el control de algunos puntos al sudeste de Afganistán».

El ex rey, desde su exilio en Roma, se propone convocar a una Loya Jirga, o gran asamblea de carácter tribal, el tradicional mecanismo para lograr consenso en Afganistán.

Según el periódico, el presidente norteamericano
George W. Bush aprobó ese plan tras consultarlo con sus asesores de seguridad.

Estos indicios sumados a una inminente invasión de los Estados Unidos llevaron al presidente de Pakistán,
Pervez Musharraf, a admitir que los talibanes «tienen los días contados» en el poder en su país. «Hemos sido intermediarios con los talibanes para lograr una cierta moderación y evitar una acción militar», expresó Musharraf, aunque consideró que un enfrentamiento es «inevitable». El mandatario también dijo que garantizarán que la lucha no será «contra el pueblo afgano».

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