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1 de septiembre 2006 - 00:00

Sacudió el mensaje del rabino Bergman

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Fue una sorpresa para los asistentes: el rabino Sergio Bergman, uno de los tres religiosos que precedieron a Juan Carlos Blumberg, pronunció el discurso que más levantó a la concurrencia. Por lo tanto, su alocución se aplaudió celebradamente. Más que telonero del acto, protagonista. Sobre todo a la hora de puntualizar criterios políticos que parecían aguardar los asistentes (inclusive, dijo frases y conceptos que luego repitió el propio Blumberg), hambrientos de críticas. Y, especialmente, se destacó por un tono opositor al gobierno, al propio Néstor Kirchner (sin necesidad de nombrarlo)y a muchos de sus seguidoresen todo el país. Varias de sus declaraciones, además, podrían ser suscriptas por el cardenal Jorge Bergoglio, aunque éste suele ser más tibio en sus apreciaciones (al menos, en público). Todo un acontecimiento entonces la certera manifestación de Bergman -más referida a la política que a la inseguridad-, una complicación nueva para la Casa Rosada (no lo tenían en sus cálculos) y, además, una irreverencia para quienes desde el oficialismo se empeñaron en calificar de «derecha» a todos los que acompañaban en el palco a Blumberg. En esa línea no se lo podría incluir al rabino.

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Como síntesis, se consignan ahora los puntos principales y resonantes de su discurso:   

  • «El proyecto del gobierno se parece más a una monarquía institucional que a una democracia.»    

  • «Hay quienes quieren convertir la Constitución en un mamarracho para perpetuarse en el poder.»   

  • «La seguridad también es un derecho humano. No es de izquierda ni de derecha.»   

  • «Sin seguridad no hay República. No vamos a permitir que se politice el tema, que se nos tome de rehenes a los ciudadanos.»   

  • «Hacemos memoria, pedimos Justicia, rezamos por un país para todos. Queremos volver a escribir la historia, no la de algunos iluminados.»   

  • «El poder no es para acumularlo, sino para repartirlo.»   

  • «Nosotros somos la expresión de un país dormido que comienza a levantarse para poder vivir en la democracia que nos corresponde a todos por igual.»   

  • «El poder fue delegado y no le pertenece a nadie, sino a las instituciones que nos representan a todos. La Argentina es bendita, es de todos.»

    Aparte de estos fundamentos, Bergman hilvanó como un juego la alocución utilizando la frase «el pueblo sabe de qué se trata, pero el pueblo quiere saber de qué se trata», indicando que la gente en la Plaza de Mayo conocía las razones de su reunión, pero se interrogaba por la tardanza o ineptitud oficial para tomar medidas con relación a la inseguridad. Hizo algunas invocaciones poéticas, cerró con la oración en hebreo para los difuntos «Osé shalom bimromav huiasé shalom aleinu veal Argentinta. Veimrú amén» (Tú que haces la paz, bríndanos la paz a todos en la Argentina y digamos amén), proclamando en el epílogo otro malabar apreciado por la multitud: «Oíd mortales el grito sagrado, libertad, libertad, libertad; oíd ciudadanos el grito desgarrado del dolor, seguridad, seguridad, seguridad».
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