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10 de diciembre 2007 - 00:00

Se despide con un fin de fiesta

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Produjo, al concluir su mandato Néstor Kirchner, dos decisiones controversiales. Inclusive, tras debates que él mismo provocó (con su esposa, además). Como todo presidente que se retira, determinó a último momento la renegociación del contrato de concesión de la red nacional de terminales aeroportuarias con Aeropuertos Argentina 2000 (AA 2000). Y también le cedió al grupo «Clarín» el monopolio del sistema de TV por cable, prebenda de difícil explicación y que en principio hasta guardaría más de un secreto sobre la cantidad de abonados que realmente dispone la fusión CableVisión/Multicanal.

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Kirchner, tanto sobre un negocio como sobre el otro, a lo largo de su gestión se había expedido críticamente, casi hasta el paroxismo. Ahora los resolvió casi en silencio, al pie del helicóptero,liberando a su esposa de futuros compromisos. Una rareza, tal vez.

El decreto de Aeropuertos cierra de algún modo el curioso ciclo de un mandatario que llegó al gobierno prometiendo no dejar sus convicciones a la puerta de la Casa Rosada, y que arrancó con varias medidas «antiempresarias». La más importante: la anulación del Decreto 1.227/ 03 firmado por su antecesor, Eduardo Duhalde, convalidando la renegociación con AA 2000; la medida la firmó el 3 de julio de 2003, o sea a menos de una semana de haber tomado posesión de la presidencia.

Cabe recordar que el gobierno luego «torturó» a Duhalde con la amenaza de divulgar dos carpetas: la del Banco Provincia -y sus innumerables créditos otorgados a empresarios amigos sin garantías que los justificaran- y la de AA 2000. Se hablaba por entonces de los «dieciocho granaderos», y se decía que la negociación con Eduardo Eurnekian había pasado por funcionarios de Presidencia, entre ellos el actual ministro Aníbal Fernández. A este hombre, ejemplo de longevidad política, Roberto Lavagna le imputó haber intervenido en esa negociación.

Tampoco puede olvidarse que la hoy presidente se despachó contra la empresa. En la sesión del Senado del 20 de agosto de 2003 dijo que «por la ley de Emergencia Económica se aprobaba la renegociación de los contratos sin intervención del Congreso. De hecho, el de Aeropuertos, que se renegoció y se aprobó sin ningún control del Parlamento».

Finalmente Kirchner, tras casi un lustro de negociaciones, acordó la renegociación con AA 2000 en términos bastante similares a los que había otorgado Duhalde. El Acta Acuerdo firmada el viernes con la UNIREN (Unidad de Renegociación y Análisis del Contrato de Servicios Públicos) había pasado -no sin objeciones por parte de legisladores tanto oficialistas como opositores- por la Comisión Bicameral de Seguimiento de las privatizaciones del Congreso; allí sufrió duros embates, en especial por una deuda por cánones impagos de la empresa al Estado que rondaban en su momento los u$s 250 millones. A cambio de esa deuda, el Estado recibirá hasta 20% de las acciones de AA 2000; por lo tanto, cabe inferir que el valor total de AA 2000 superaría los u$s 1.000 millones, una cifra no precisamente cuerda. Esta participación garantizaría ademásla renovación «sine die» de la concesión, mucho más allá de los veinte años que prevé la renegociación (hasta 2028).

Tras su paso por esta Comisión, por dos audiencias públicas y luego de ser tratado por las dos cámaras, el acuerdo de renegociación durmió en el despacho de Kirchner durante casi seis meses, para ser reflotado ahora. Milagro de supervivencia, milagro también de estancamiento: nadie entendió la razón por la cual el Presidente demoró la firma de un convenio que ya habían convalidado sus legisladores.

Finalmente, el decreto -que lleva el número 1799/07 y habrá sido uno de los últimos que rubrique Kirchner en su mandato- fue firmado el martes pasado pero su divulgación sólo se produjo el viernes por la tarde, como para que la pausa del fin de semana hiciera que pasara lo más inadvertido posible.

Extraño manejo mediático de algo que debería ser transparente, proceso que al revés de otras operaciones comerciales se canalizó en la propia Casa de Gobierno y no por ministerios que últimamente han sido cuestionados.

El disimulo se logró a medias, con un proceso semejante al del monopolio «Clarín», que decidió divulgar como algo «positivo para el país» la escandalosa e ilegal concentración en sus manos del mercado de la TV paga -adelantada por este diario- el mismo sábado que publicó «chico y abajo» el fin del acuerdo con AA 2000. Al margen de los absurdos argumentos («en Chile 95% del cable es de TVR», escribió su diario) el grupo Noble/Magnetto ocultó un número de abonados cercano al millón, que corresponden a dos empresas del sur del país que formalmente no son de su propiedad.

No es lo peor, claro: tamaña concentración de medios (el diario, Canal 13, TN, la agencia DyN, radio «Mitre», «La 100», canales de cable, el monopolio de la TV paga, banda ancha con contenidos, «Página/12», etc.) termina impidiendo que la población reciba noticias y visiones de esas informaciones diferentes al discurso único de «Clarín».

Estos cambios de actitud con «Clarín» y con Eurnekian no son los únicos: también modificó su discurso con los empresarios Carlos y Alejandro Bulgheroni -más sus socios en Pan American Energy, la británica BP- a los que el gobierno pretende extenderles las concesiones petroleras en Santa Cruz por décadas por venir. Fue a estos dos hermanos, también cuando asumió, a quienes castigó quitándoles una exención impositiva en Papel del Tucumán. Como a Eurnekian. Pero luego, claro, cambió y hoy considera a Carlos Bulgheroni el más influyente empresario de la Argentina. Parte de un aprendizaje en la gestión, con un epílogo que no parece despedirlo vestido de la mejor manera.

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