La posibilidad de que Néstor Kirchner sea el candidato oficial a la presidencia despertó ayer una fuerte resistencia en el duhaldismo. La mayoría de los lugartenientes de Eduardo Duhalde recordó que el santacruce-ño llegó a militar en contra de leyes clave para el gobierno: por eso, reflotaron la variante de Felipe Solá, a quien apoyarían como aspirante a la Casa Rosa-da Carlos Reutemann y otros caciques del interior. Delante de la tropa del PJ bonaerense -que ayer volvió a peregrinar a Olivos, aunque esta vez debió bajar el "operativo clamor"-, Duhalde defendió con tibieza a Kirchner: "Le dan bien las encuestas", se limitó a señalar sin demasiado poder de convicción. El principal problema del duhaldismo sigue siendo el mismo: a la negativa de Duhalde a ponerse el traje de candidato se suma la dificultad de encontrar un delfín que asegure la continuidad del modelo impuesto por el peronismo de Lomas de Zamora.
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La posibilidad de que esa estructura deba apoyar, por obediencia debida, la candidatura de Néstor Kirchner provocó irritación dentro y fuera de la Casa Rosada. Allí refunfuñaron en voz baja Jorge Matzkin y Juan Carlos Mazzón; en Diputados hubo más señales de malhumor de Eduardo Camaño y en el Senado varios legisladores que aspiran a competir por gobernaciones este año se mofaron: «¿Con quién vamos a enfrentar a Menem? ¿Con Kirchner?».
Sin embargo la disidencia más importante para el nuevo experimento de Duhalde es la que despuntó en el sistema territorial que orbita alrededor de Olivos. Desde varias provincias le hicieron saber que sería imposible acompañar a Kirchner, además de recomendar nuevamente la adopción de la ley de lemas para las elecciones de abril. El Presidente insiste con que el PJ vaya a las elecciones con varias fórmulas que no se sinteticen en la más votada, tal como propuso en su momento Juan Carlos Romero. Pero tampoco existe acuerdo en torno al método en el duhaldismo. Duhalde ya recibió de sus gestores políticos (Mazzón, Matzkin, Camaño) la información de que, sobre la base de esa agenda, es imposible convocar a un nuevo congreso partidario. Por eso Mazzón buscó desesperado en las últimas 48 horas a alguien que convenza a su jefe de las virtudes de la ley de lemas.
En la provincia de Buenos Aires la rebeldía también fue sonora ayer. Hugo Curto, Manuel Quindimil, José María Díaz Bancalari, Oscar Rodríguez, le hicieron saber a Duhalde que lo de Kirchner les parecía una broma. Uno de ellos utilizó un argumento sagaz: «¿Nos vas a pedir que vayamos detrás de alguien que te insultó? ¿Que puso el avión para que no se voten las leyes? ¿Que acaba de decir en una revista que no es candidato tuyo? Eso no queremos hacerlo por respeto a vos». Impecable oficialismo, que Duhalde refutó poniendo cara de yo no fui y musitando: «Es cierto... pero ya lo perdoné».
Al parecer, Kirchner se sintió perdonado y corresponde halagando a su mecenas: «Le creo absolutamente al presidente Duhalde» dijo ayer y agregó que va a pactar con él una «fórmula con absoluta fortaleza, que garantice pluralidad y amplitud, y que le dé cabida a un proyecto de centro-izquierda».
Kirchner no hizo otra cosa que reflotar su viejo entendimiento con el duhaldismo. No el que tiene a través de Alberto Fernández, viejo cajero de disidentes del PJ Capital y ex funcionario de Duhalde en el Grupo Bapro. Las afinidades que rescata el santacruceño son más poéticas: se trata de los retiros espirituales del Grupo Calafate y de las sesiones de sauna compartido en el San Juan Tennis Club junto con Carlos Chacho Alvarez y Juan Pablo Cafiero, en los días de diciembre de 2001, cuando conspiraban contra Fernando de la Rúa.
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