Néstor Kirchner adoctrinó ayer legisladores bonaerenses en la sede del PJ, escoltado por Daniel Scioli, Alberto Balestrini y el jefe del bloque de Diputados, Raúl Pérez.
A cada segundo, para diluir cualquier sospecha de distanciamiento, Daniel Scioli se muestra como un soldado de la Casa Rosada. «Nuestro proyecto nacional», dice, y repite el soliloquio de su unidad, sin fisuras, con los Kirchner, Néstor y Cristina.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pero, de a poco, el gobernador empezó a desplegar una táctica propia ante el conflicto del campo. En esencia, el modelo Scioli consiste en ser menos brutal que el gobierno nacional con los chacareros y, sobre todo, en establecer vías de diálogo con los productores.
«No tenemos que ser Schiaretti, pero debemos ser Scioli» fue la frase con la que José «Pepe» Scioli, hermano y secretario general de la Gobernación, explicó ese movimiento riesgoso, paso de equilibrista, para tratar de reducir el costo de la crisis.
«Nunca estigmatizamos, nunca ideologizamos ningún conflicto; nuestro sello siempre fue estar en contacto con la gente. Y no podemos dejar de hacerlo» defendió su postura, el hermano ministro. Sobre esa matriz se comenzó a gestar la nueva táctica oficial.
En concreto, la estrategia consiste en mostrarse «diferente» a la Casa Rosada pero sin distanciarse, o ponerse del lado de los productores, como hizo el gobernador de Córdoba. Hubo, en el seno del sciolismo, matices y diferencias sobre dar o no ese paso.
Convivencia
En el primer anillo de la toma de decisiones del gobernador bonaerense conviven, no siempre mansamente, además de «Pepe» Scioli, el jefe de Gabinete, Alberto Pérez y el ministro de Economía, y ex contador personal del mandatario, Rafael Perelmiter.
No fue un proceso sencillo. Hubo voces que sugirieron reforzar el alineamiento extremo con los Kirchner; otros, tomar una identidad propia pero, aclaran, sin convertirse en otro Schiaretti. Se hizo un primer ensayo: fue en Colón, el último viernes.
«Pepe» Scioli montó un operativo de contención para que su hermano gobernador pueda dialogar con productores sin que eso derive en una crisis. Un dato central: ese día, Scioli llevó a la ciudad un paquete de 300 viviendas con lo que limitó la acción de los chacareros.
«Si lo escrachamos cuando vino a entregar casas, la gente nos iba a querer matar» explicó un ruralista. El balance fue, según evalúan en Gobernación, positivo. Hubo diálogo, con diferencias y quejas, pero también «respuestas y propuestas» de parte de la provincia.
Scioli, vía su ministra de Producción, Débora Giorgi, estructuró un paquete de medidas para los productores que, además de tratar de trasmitir voluntad de ayuda, le permite a Scioli cambiar el eje de la discusión. «Yo hablo de lo que hace la provincia» se escuda.
En las últimas horas, luego del incidente con Karina Rabolini en Venado Tuerto, la continuidad de ese esquema quedó en suspenso. Pero anoche se confirmó que seguirá en marcha. De hecho, esta semana, Scioli tiene en agenda viajar a Mar del Plata donde se verá con productores.
Ayer, al recibir a legisladores, el gobernador ratificó que saldrá de gira por el interior. Sin embargo, en esas rondas, Scioli priorizará hablar con los productores y los dirigentes rurales locales pero, por ahora, no dialogará oficialmente con las cúpulas provinciales del campo.
El método que puso en práctica el gobernador tiene, en esencia, dos explicaciones:
En las últimas dos semanas, las mediciones propias y las hechas por la Casa Rosada, revelaron que el conflicto comenzó a afectar la imagen del gobernador. Está, todavía, muy lejos de la profunda caída que sufrió Cristina de Kirchner, pero mientras hasta hace 20 días salía casi indemne de la crisis, ahora el respaldo empezó a resquebrajarse.
Pero el dato más delicado es otro: las entidades, sobre todo CARBAP y Federación Agraria, empujan la realización de una movilización a La Plata para instalarse frente a la gobernación e, incluso, realizar una misa en la Catedral oficiada por Héctor Aguer.
Dejá tu comentario