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19 de mayo 2004 - 00:00

Si no mejora la economía, Santa Cruz no trae fondos

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Las explicaciones de los funcionarios santacruceños, incluido el Presidente, para justificar la desaparición de varios centenares de millones de dólares, van agigantando una madeja de errores, contradicciones y malentendidos. Nadie sabe si este grupo de dirigentes sabe de economía y finanzas como para haber preservado ese dinero. Lo que seguro ignoran es el nítido universo de la lógica.


a) La respuesta más sencilla que se suele encontrar, entre personas allegadas a Kirchner, respecto de la ausencia del dinero, es que no estaría depositado en el país ni en ningún otro lado. Es decir, no estaría más. Algunos sospechan que se gastó en el saneamiento del banco provincial antes de su privatización al grupo Eskenasy; otros creen que se perdió en una colocación desafortunada en un fondo de inversión, por la que parte de los fondos quedó atrapada en Rusia durante el default de 1998. Pueden ser ciertas ambas. En las inmediaciones del Presidente hasta se pueden conseguir, con paciencia, detalles adicionales: se habla de un operador del sistema financiero -sería Alfredo Mac Loughlin- quien se encargó de hacer la colocación de una suma importante en un banco internacional. ¿Morgan Stanley? Es imposible verificarlo. Por ahora.

b) La versión anterior, la de la desaparición total, es demasiado extrema. Los más sensatos del kirchnerismo puro creen que sólo una parte de los fondos se perdió. El resto estaría en algún lugar recóndito del sistema financiero internacional pero no se podría documentar su existencia porque el gobierno de Santa Cruz todavía no está en condiciones de justificar la merma en el monto. Es lógico este razonamiento: si la plata estuviera, ¿por qué someterse al calvario político de tener que dar explicaciones a diario sobre su desaparición?

c) El ambiente político está recorrido hoy por especulaciones disparatadas, pero insistentes. Por ejemplo, que parte de los fondos secretos de la SIDE que minuciosamente administra Sonia Fornacero son atesorados para completar el faltante de la cuenta santacruceña. Una idea tan insólita como la narración de los conflictos en los que debe arbitrar esta contadora para que Héctor Icazuriaga y Juan Larcher, jefe y subjefe de esa institución, no terminen en un conflicto violento por el manejo del dinero.

d) Desde el punto de vista político, las piruetas verbales ligadas a los «ahorros» provinciales son de una osadía llamativa.

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