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25 de julio 2007 - 00:00

Sin escalas, Cristina, del Mediterráneo al conurbano

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Antes de partir a España, Cristina Fernández posó junto Juan José Mussi, que en 2005 le alambró Berazategui para que no haga campaña contra Chiche. Mañana visita el distrito.
Cristina Fernández seleccionó un modesto club de Berazategui para venerar, con fastuo peronista, a Eva Perón. No la movió el encanto por el caudillo local, Juan José Mussi, sino un rasgo mundado, casi orillero: su compulsión por lo ritual, por las cábalas.

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Que la candidata haya puesto el dedo sobre ese humilde salón -de un poblado menú- lo explica que en ese distrito, en 2005, encabezó su segundo acto de campaña para senadora tras lanzarse en el Teatro Argentino de La Plata. Cabulera, dos años después repetirá la secuencia.

Algo más: en aquella ocasión fue, como ocurrirá este jueves, un 26 de julio, fecha aniversario de la muerte de Eva Duarte de Perón.

  • Del calor al frío

  • Dúctil, la primera dama saltará de +30° de Madrid y del fulgor del Mediterráneo a la precariedad y ola polar que acecha -según el SMN- al conurbano. Pocas horas separarán su regodeo con el rey Juan Carlos del abrazo con Mussi, barón de la Casa de los Duhalde.

    Todo sea por homenajear a Evita, a quien considera «única e irrepetible», y de quien asegura no querer heredar nada -«porque sería absurdo»-, como tampoco de su marido, Néstor Kirchner, «ni de nadie», porque «todo lo que tengo me lo gané yo con mis votos».

    El unipersonal cristinista se montará en el polideportivo De Vicenzo, en pleno centro de la ciudad, adonde llegará el cacicaje peronista del conurbano para mostrarse con la primera dama en las horas calientes que se pulsea por las boletas bonaerenses.

    Parada inicial en la campaña K hacia la presidencial de octubre, la candidata será -como ocurrió en su lanzamiento- la única oradora aunque, a diferencia del jueves último, Mussi oficiará de maestro de ceremonia que saludará la llegada de la visitante.

  • Inauguración

    Detalle: está previsto que Kirchner -al igual que Daniel Scioli- participe del acto pero no que hable. Es decir: al borde del plazo oficial -el cronograma fija como inicio el 30 de julio-, la senadora inaugura la edición local de una campaña que ya estrenó en España.

    Con Evita como excusa, Cristina convivirá con algún decorado peronista.

    Sin embargo, debajo del escenario, en las primeras hileras del auditorio la aplaudirá el núcleo duro del PJ bonaerense, con Manuel Quindimil como abanderado. Todos soldados del «cambio que recién comienza» y que por las suyas vienen reanudando hace más de una década.

    La superstición suele ser poderosa. Al punto que Cristina perdonó que, en 2005, tuvo que hacer su acto en un local periférico, pegado a Varela, porque los dueños de salones de Berazategui se negabana alquilarle sus salones diciendo que los presionaba Mussi.

    Eran días de forcejeo diario en los que la senadora comparaba a Eduardo Duhalde con «el Padrino» y un grupo de leales al ex presidente resistían la «candidatura foránea» de la primera dama mientras empujaban la boleta que encabezaba Chiche Duhalde.

  • Monocolor

    Este jueves, en Berazategui todo parecerá monocolor K a pesar de que hacia abajo los matices y los antagonismos son inocultables al punto que parece un hecho irreversible que en los municipios habrá, por lo menos, dos boletas oficiales colgadas, ambas, de la de Cristina.

    Ahora, los duelos de protagonismos de los múltiples candidatos K -que, en teoría, la candidata sobrevolará- estarán debajo del escenario. Por eso, como en el show de La Plata, la obsesión es la seguridad por temor a los choques entre bandas enfrentadas.

    Acaso el panorama de Berazategui donde pulsean sólo dos actores K, Mussi y Mario Giacobbe, haya sido un atractivo adicional para elegir ese destino además de la pasión por la cábala. Por esteticismo, alguien podría tentarse y recurrir al formato hebreo: Kabala. El resto del conurbano arde. A pesar de la ola polar.
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