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29 de septiembre 2006 - 00:00

Solá insiste: no hay pista única

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A once días de la ausencia de Jorge López, Felipe Solá admitió ayer que a pesar de un «intensivo» trabajo de inteligencia y, en paralelo, de rastrillaje, el gobierno no logra develar la naturaleza de la desaparición del albañil que testificó contra Miguel Etchecolatz.

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La duda abruma también al gobierno nacional: anoche, sobre las 23, Kirchner permanecía reunido con sus colaboradores en la Casa Rosada recibiendo información sobre el hecho. Hoy el Presidente partirá hacia Neuquén y el fin de semana estará en Santa Cruz.

En medio de esa incertidumbre, con un temor compartido en todo el arco político, Solá confesó ayer que no se descarta ninguna de las dos hipótesis principales -que se anulan entre sí- en torno al caso López: el posible secuestro o la ausencia por determinación propia.

«Que hayan pasado 11 días y no sepamos dónde está es grave, por lo que corresponde pensar en las peores posibilidades», dijo Solá pero entornó la puerta: «También existe otra posibilidad: que haya tomado decisiones por su cuenta, o apoyado por amigos o lo que sea».

Se trata, en realidad, de una mirada cautelosa que difiere de los planteos de sectores de izquierda y organismos de derechos humanos que se vuelcan por la presunción de que López fue secuestrado por un «grupo de tareas» como mensaje intimidatorio para otros testigos.

Solá evitó, ayer, potenciar esa visión. Por la tarde, en la misma línea, el ministro del Interior había planteado, otra vez, que no se descarta ningunahipótesis. Evitó repetir el mal paso de la expresión de que puede estar escondido en «la casa de su tío».

Brutal, en cambio, Luis D'Elía -que participó de la ronda de las Madres, alrededor de la Pirámide de Mayo- había dicho pasado el mediodía que si se confirmaba el temor de que se trataba de un rapto, «la vida del presidente Kirchner corría serio peligro».

  • Firmeza

    La percepción dual que Solá desplegó anoche por TV, más temprano se la había adelantado a un grupo de diputados del Frente para la Victoria (FpV) que lo visitaron en el Banco Provincia para transmitirle su respaldo a la acción del gobierno provincial.

    Encabezado por Alberto Balestrini y José Pampuro, presidente de Diputados y vice del Senado, respectivamente, un puñado de legisladores se encontró con el gobernador para informarse sobre el tema López. Ante ellos, Solá detalló las dos teorías, pero no se volcó por ninguna.

    «Preocupado pero firme» lo vieron al gobernador, que dijo que está en «permanente contacto con Kirchner» ante los delegados parlamentarios, entre otros, Carlos «Cuto» Moreno, Luis Ilarregui, Dante Dovena, Graciela Rosso, María Teresa García y Francisco Gutiérrez.

    En un momento de sensibilidad extrema, fue un gesto saludable: más allá de la rispidez que abunda en el kirchnerismo bonaerense, que se apresta para la disputa por la gobernación en 2007, se logró una sintonía uniforme de apoyo a Solá.

    Quizá lo explica la advertencia de quienes detectan en el caso López movimientos de sectores críticos al gobierno. «Si fue un secuestro, esto es un mensaje claro contra todos nosotros: nos están diciendo que están activos otra vez», alertó «Barba» Gutiérrez.

    Ni Solá ni los demás presentes alentaron esa hipótesis. La incertidumbre, cruzada por el temor, impidió que la mayoría tome posición sobre el hecho. Por eso, el gobernador se enfocó en las dos teorías sin descartar ni considerar más factible ninguna.

    Es más: temprano, el gobernador había relatado la existencia de testimonios de personas que vieron a López caminando tranquilamente, el lunes 18 a media mañana. Eso, explicó, «induce a suponer que no fue apresado por la fuerza», al menos en ese momento.
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